Trabajas y Te Quedas

• México del Norte •

Jorge Mújica Murias

A dos semanas de publicar nuestra columna “Trabajas y Te Vas”, George W. Bush mandó a sus corifeos (¡y bastante feos!) Michael Chertoff y Elaine Chao, secretarios de Seguridad Interna y del Trabajo, al Comité Judicial del Senado, para defender su propuesta de correr del país a 10 millones de trabajadores indocumentados, después de haberles sacado jugo durante seis años.

Chao y Chertoff renovaron el “fuerte compromiso de la Casa Blanca con la iniciativa para una vigorosa reforma migratoria”, que obligaría a los trabajadores a pagar una vigorosa multa para quedarse aquí, y a abandonar Estados Unidos al acabarse su visa de “trabajadores huéspedes”. Para volver legalmente, tienen que estar un año fuera del país y pedir otra visa a sus amables anfitriones.

Ni residencia legal permanente, ni menos una eventual ciudadanía. El Programa de Trabajadores Temporales solamente permitiría “empatar a trabajadores con empleadores” durante seis años antes de rebotarlos a su lugar de origen.

El Director General de Relaciones Exteriores para América del Norte, Juan Bosco Martí, ni tardo ni perezoso declaró que la postura de Bush era “significante”, y le agregó que era “importante que la administración del presidente Bush cuente con una posición sólida y unificada en torno a una reforma integral del sistema migratorio, que permita el flujo legal, seguro y ordenado de migrantes, y que tome en consideración a los migrantes que ya residen en Estados Unidos”.

Al menos su jefe salió a corregirlo. De boleto, el Subsecretario de Relaciones Exteriores para América del Norte, Gerónimo Gutiérrez, señaló que “México insistirá en un acuerdo integral migratorio con Washington con mecanismos para legalizar a los indocumentados mexicanos”.

De acá pa’ allá, de las sombras a las catacumbas

Claro que los activistas pro inmigración, como Chris Woods, de la Coalición por una Amplia Reforma Migratoria, tachan al plan de “irreal”, porque en vez de sacar a los inmigrantes de la oscuridad, les ofrece un estado de inferioridad. “El plan de Bush los mantendría en la sombra e incluso los forzaría a las catacumbas”, dijo Woods.

Pero lo más cotorro de la propuesta bushiana es que ni a los comerciantes les gustó. Desde México, el director general de la Cámara Americana de Comercio, Larry Rubin, mejor apoyó la propuesta de los senadores Kennedy y McCain, que sí otorga residencia a los indocumentados.

Rubin estaba en México reuniéndose con el PRI, PAN Y PRD, para “intercambiar puntos de vista y encontrar posibles apoyos. Rubin dice que tiene “21 mil millones de dólares en el bolsillo, listos para ser invertidos en México”. Su visión es más clara que la de Bush. “México y Estados Unidos deben consolidarse en muchos renglones para ser más competitivos”, dice, “y poder enfrentar a las potencias comerciales de Europa y Asia”. Y para ser competitivos, se necesitan trabajadores.

Agrega que para el 2010, 77 millones de gringos se estarán jubilando, y para el 2030 uno de cada tres tendrá más de 70 años, así que las industrias de este lado necesitan más trabajadores. “Por eso creemos que los mexicanos ilegales en Estados Unidos pueden y deben convertirse en personas con los beneficios de otros estadounidenses, mediante la legalización de su estancia”, remata.

Pero no da nada por nada. “Hay una inversión extranjera anual de 10 a 12 mil millones de dólares anuales en México”, dice. “Si acordamos con PRI, PAN y PRD las reformas que se necesitan en México, podríamos duplicar la inversión. La inversión está del otro lado de la frontera, como los migrantes, uno y otro esperando las reformas”.

Dicho de otra forma, la legalización de unos 8 millones de mexicanos depende de venderle PEMEX a los gringos y eliminar el derecho a huelga en México. Esas son las “reformas” que piden los gringos. Sin ellas no hay acuerdo migratorio.

Dicho de otra forma: seguimos solos. Tenemos que conseguir nosotros la amnistía, antes de que transen a los migrantes por programas huéspedes o por petróleo.