México del Norte

En la casa el carpintero…

Por: Jorge Mújica Murias
mexicodelnorte@yahoo.com.mx

Érase una vez dos hermanos, de nombres Carlos y Daniel, que andaban viajando hacia el oeste. No se sabe de dónde venían ni adónde iban, pero el puro hecho de que no estaban a la vuelta de la esquina de su casa y que su viaje incidentalmente quedó escrito en la historia de Illinois, Estados Unidos, me lleva a la indudable conclusión de que eran inmigrantes.

Y no eran como los millones de mexicanos que andamos también viajando por estas tierras desde hace tiempo. Sucede que estos eran blancos, al parecer de origen medio europeo, porque sus nombres reales eran Charles y Daniel. No eran carpinteros, aunque se apellidaban Carpenter, y en 1837 se quedaron a medio viaje debido a una crecida del río Fox. Tampoco se sabe por qué lo querían cruzar, pero quedaron ahí a vivir, y fundaron un pueblito al que le pusieron Carpenter’s Grove, luego Carpentersville, el cual creció y se volvió ciudad en 1887.

El hijo de Charles puso una fábrica de franelas y se dedicó a contaminar el río, con ayuda de una fundidora y una herrería que había puesto su papá en 1864. Luego se dedicaron a fabricar maquinaria industrial. Los chambeadotes de tanta industria eran, también, inmigrantes alemanes, polacos y suecos, y para 1930 casi el 40% de los pobladores de Carpentersville eran hijos de nacidos en el extranjero.

Cuchillo de hierro…

Para 1960 el porcentaje se redujo al 15%, y luego el censo dejó de apuntar el dato, pero siguió apuntando el grupo étnico. Mientras que en 1960 el 99.9% de la población era “blanca”, con solamente un “negro” y 23 de “otros” grupos étnicos, para 1990 los blancos bajaron al 85%. Y aparecieron los latinos… con un 16%. Y el censo del 2000 registró un 68% de blancos… y un 40.6% de latinos (entre los cuales hay blancos, claro, pero también de muchos “otros” colores).

Será por eso, porque ahora los nuevos inmigrantes no son “blancos”, sino de los “otros”, que los regidores Judy Sigwalt y Paul Humpfer propusieron una ley local idéntica a la de Hazleton, Pensilvania, que instituye el inglés como idioma oficial, y prohíbe “hacer transacciones” con los inmigrantes indocumentados. Básicamente, multa a los caseros si le rentan la casa a un indocumentado, le quita la licencia de negocios a un comercio y así por el estilo. La llamaban la “Ley de Alivio de la Inmigración Ilegal”.

Pero Illinois no es Pensilvania. Allá en Hazleton, la ley local (que copiaron de la de Carpentersville), está decidiéndose en la Corte. Aquí ya se decidió y no se decidió en nuestra contra. El presidente de Carpentersville mandó a la congeladora la iniciativa antiinmigrante, con el argumento de que quiere “esperar a ver qué pasa en Hazleton”. Esperará sentado, porque lo de Hazleton en las cortes va para años.

Pero en realidad no necesita esperar. Puede ver lo que pasó en Stillmore, Georgia, comunidad en la que hace un mes Inmigración se llevó al 10% de la población en una redada para deportarlos. Además de los deportados, otro 10% de los habitantes “desapareció” antes de que llegara la migra, entre ellos la mayoría de los trabajadores de la procesadora de pollo, Crider Inc.

Las calles están desiertas, los apartamentos vacíos, nadie paga la renta. “Me recuerda a lo que he leído sobre Alemania en el tiempo de los nazis”, dice la presidenta del pueblo, Marilyn Slater, “La Gestapo llegaba y arrasaba con la gente”, continuó.

Stillmore debe ser una lección para Carpentersville. No se puede “echar” a los “otros”… aunque no sean “blancos”.