Cambiando por un mundo mejor...

Por Patricia F. Limón

La cooperación es un elemento fundamental, ya sea para los microorganismos, animales o seres humanos. Sin embargo, por increíble que parezca, la mayor unidad y el apoyo mutuo se da mucho más entre las especies animales que entre los hombres. En los diferentes ámbitos de la vida cotidiana, vemos gente tratando de obstaculizar la labor ajena, motivados por pensamientos egoístas; unos pisando sobre otros para satisfacer intereses personales que nada tienen que ver con el sano deseo de la superación.

La historia y las diarias noticias nos dan cuenta de la eterna lucha entre los poderosos disputándose el control, haciendo de la ansiada paz y felicidad mundial tan solo una utopía. Desafortunadamente, el materialismo y la ambición desmedida no son solo un problema de naciones, la no cooperación y la falta de humanidad han tocado las puertas dentro de las propias comunidades; es triste ver que en la loca carrera hacia el “éxito”, nuestra sociedad a ido perdiendo sus valores, olvidándose de aquellos que más lo necesitan.

Nuestro mundo está siendo azotado por la violencia, el hambre, la corrupción, las drogas, las enfermedades y, por si fuera poco, el daño que el mismo hombre produce a la madre Naturaleza, aumentando la explotación y la contaminación del medio ambiente.

Es necesario hacer un alto para reflexionar y tomar conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor, analizar de qué manera estamos contribuyendo a mejorar o a empeorar la calidad de vida ajena y la propia. Existen fenómenos sociales que causan mucho dolor y sufrimiento, como lo es la pobreza extrema, el abuso y explotación de menores, además de la violencia doméstica. No obstante; con el apoyo verdadero por parte de la población en general, esto puede cambiar.

Hace unos meses tuve la oportunidad de visitar mi querido México y de nuevo presencié, tristemente, un espectáculo muy común en las principales avenidas de la ciudad, los famosos “niños de la calle”, mejor conocidos como “niños fuego”. Caminan peligrosamente cada día entre los automóviles vendiendo chicles, limpiando parabrisas o llenándose la boca con gasolina para escupir fuego a cambio de alguna moneda. Ellos dicen que es su trabajo y que así se ganan la vida, yo diría que así la pierden. Miles de estos niños mueren cada año de cáncer de garganta, atropellados o asesinados por las drogas y el hambre.

Actos de injusticia se dan en todas partes, incluso en una potencia mundial como lo es Estados Unidos, las estadísticas de abuso muestran que los más afectados son los niños y las mujeres. Como ejemplo, podemos mencionar el hecho de que 4 millones de mujeres al año son atacadas gravemente por sus parejas y tres de ellas son asesinadas diariamente por sus esposos, novios o amantes. Los niños que viven en hogares donde existe la violencia doméstica son víctimas silenciosas del abuso.

Es urgente que reflexionemos, que abandonemos esa actitud egocéntrica y que tomemos parte de las diferentes problemáticas que aquejan a nuestra sociedad. Recordemos que fuimos creados para amarnos los unos a los otros, que la unión hace la fuerza y que sólo tomados de la mano con amor, caminando hacia un mismo fin, lograremos el cambio.