La cultura contemporánea nos ha dado un año en compartimentos que transcurre en círculos y nosotros lo aceptamos así. Muy pronto le diremos adiós al 2005 y saltaremos en el 2006 y empezaremos una vez más el ciclo.

Estamos tan acostumbrados a esa idea que tenemos la tendencia a olvidar las tragedias y eventos pasados y por el contrario nos concentramos en la siguiente fase del año, ya sea el ‘Día de las brujas’ o de ‘Acción de Gracias’. Nuevamente estaremos inmersos en las compras frenéticas de acuerdo a la época. Es el tiempo ahora de los caramelos, escobas y calabazas, o es el tiempo de los pavos y las frutillas?

La gente que ha sufrido las últimas tragedias no tendrá una estación especial. Su estación es una de hambre, frío y necesidad. Sin embargo, están tan lejos, y no los vemos luego debemos procurar no olvidar.

Recodamos cada día a la gente que muere en Irak, o los que mueren de SIDA en Africa?

Recordamos a los que han sufrido los huracanes, tormentas, inundaciones y terremotos?

Deseo pensar que nos hemos anesteciado al dolor. Las continuas imágenes de los desastres en todo lugar nos dejan más sin poder ante la realidad que es tan trágica en muchos lugares. Si la tragedia nos ocurriera aquí, que esperaríamos de otros?

Estaríamos satisfechos con la comida, las colectas de dinero y los buenos deseos? Creo que estaríamos muy agradecidos y aceptaríamos con gozo los regalos y buenas obras, pero qué ocurrre después de uno o dos meses? Cómo vuelve la gente a un lugar decente para vivir y desarrollarse?

La gente pobre nos ha mostrado que necesitan más que su subsistencia; también necesitan una infraestructura que les permita establecer sus vidas con dignidad y auto desarrollo, pero la cultura y economía moderna convierten a la gente en dependiente. Tenemos una sociedad en que las agencies y organizaciones tienen clientes. Los pobres son los clientes y muchos empleos de la clase media, si no fuera por los pobres, desaparecerían. Por lo tanto, como sociedad seguimos teniendo talleres, reuniones y programas para alcanzar a aquellos que son el objeto de nuestros pensamientos. Estamos perdiendo terreno en reunirnos con ellos como gente real, escucharlos y encontrar formas de salir de sus pobreza económica y nuestra pobreza espiritual.

En esta cultura de supremacía del fuerte y poderoso nos aproximamos a los jóvenes, los viejos y la gente marginalizada como grupos que tienen que aceptar lo que la minoría poderosa les ordena y si nos les gusta, la sociedad puede hacer leyes que declaren la legalidad de los asuntos.

Están los jóvenes cansados de esta situación? Si, y han decidido ignorarla hasta que tengan el poder. Cómo se siente la gente mayor? Muchos de ellos aún tienen la energía de luchar, otros están cansados de un mundo que los trata sin consideración. Cómo responderán los pobres? La historia contará su reacción.