Crisis económica y justicia social

Por José Carlos García Fajardo *

La sociedad civil denuncia que las personas más vulnerables pagan por los errores y la avaricia de los responsables de esta crisis. Hasta en las prisiones se acepta el axioma de que “el que la hace, y lo pillan, la paga”. ¿Por qué entonces saldrían impunes los responsables de la actual crisis financiera?

Causa rubor ver a presuntos delincuentes de guante blanco listos para aprovecharse de los ingentes fondos para inyectar liquidez en los bancos. Parece que encargamos a los zorros la vigilancia de los gallineros. Pero por duro que esto suene la realidad es todavía más cruda.

Richard Fuld, responsable de Lehman Brothers, amasó 500 millones de dólares entre 1993 y 2007. Sólo el año pasado ganó 45 millones.

Henry Paulson, del Tesoro de Estados Unidos, consiguió 700 millones de dólares en Goldman Sachs. Él fue quien coordinó la reunión en la que se habló del rescate financiero con dinero de la Reserva Federal.

Keneth Lewis, de Bank of America, recibió 20 millones de dólares en 2007, y tiene acciones allí por un valor de 112 millones.

Y podríamos seguir así por largo tiempo.

Esto resulta obsceno, algo que no se puede presentar en la escena mundial, porque debería ser materia de prueba por los fiscales. Sin embargo, me temo que pronto los veremos en puestos de responsabilidad con repercusión mundial, sobre todo contra los más pobres.

Mientras todos se ocupan de salvar a los banqueros y a los ricos, la crisis deja en la cuneta la solidaridad. Los recortes en cooperación amenazan la alimentación, la asistencia médica y la educación de millones de personas.

La crisis amenaza con reducir los 76,000 millones de euros que el mundo ha destinado este año en concepto de ayuda al desarrollo, una cantidad de dinero que no llega ni a una décima parte de lo que los gobiernos de Estados Unidos y la Unión Europea han movilizado en menos de tres semanas para salvar las instituciones financieras.

La crisis hará que los países desarrollados disminuyan sus contribuciones para ayudar a las 923 millones de personas desnutridas en el mundo, para reducir la cifra de 58 millones de mujeres que este año habrán dado a luz sin asistencia médica y para escolarizar a los 77 millones de niños de África y Asia que ni siquiera han recibido educación primaria.

Un responsable del Programa Mundial de Alimentos destaca que “con el plan de rescate del sistema financiero aprobado por Estados Unidos, el PMA podría trabajar durante más de 100 años. Si los gobiernos tienen recursos para rescatar a sus bancos, seguro que también deben tenerlos para dar de comer a los hambrientos”.

El clamor es unánime: las sociedades y los gobiernos desarrollados, tras años de vivir en la opulencia, no pueden dejar a millones de personas sin las ayudas esenciales. Es necesario mantenerse fiel a los principios de justicia universal y de solidaridad.

* Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Director del CCS