• México del Norte •

Una injusticia olvidada

Por Jorge Mújica Murias

Más de una vez me ha tocado decirle a la gente que lo que hay que hacer no es recordarle la historia a nadie, sino que hay que enseñársela porque no la saben. Y lo que no se sabe no se puede ni recordar ni olvidar.

Ese es el caso de una injusticia cometida allá por 1930 y que no forma parte de la historia “oficial”.

Pero sucedió, y se ha estado rescatando poco a poco. Es el tema precisamente del documental Una Injusticia Olvidada, que acaba de estrenarse en el Instituto Cervantes en Chicago.

Es una obra de Vicente Serrano, y la principal protagonista es ni más ni menos que su abuelita. A la abuelita de Vicente le sucedió una cosa que ahora se está poniendo otra vez de moda: si bien había nacido en Estados Unidos y era, por derecho constitucional, ciudadana estadounidense, la “deportaron” por ser mexicana. Es un contrasentido, claro, pero así fue.

Entre 1930 y 1935, bajo el pretexto de que la Gran Depresión había causado un tremendo desempleo, Estados Unidos inventó la teoría de que “había demasiados trabajadores inmigrantes”, y que había que deshacerse de ellos. En total se calcula que se deshicieron de 2 millones de personas.

Para colmo no todos eran inmigrantes. Se calcula también que más de un millón de los esos supuestos inmigrantes no habían inmigrado a ningún lado, porque habían nacido aquí. Entre ellos estaban la abuelita y el tío abuelo de Vicente.

Una injusticia repetida

Por otro lado, los que sí eran inmigrantes, ni siquiera eran indocumentados. La mayoría eran legales porque era muy simple entrar legalmente.

“Necesitamos sus puestos de trabajo para los ciudadanos estadounidenses”, escribía un tal C.P. Visel, del Comité Ciudadano de Los Ángeles para la Coordinación del Desempleo, y felicitaba al Secretario del Trabajo de entonces, William Doak, “por el éxodo de los extranjeros deportables”.

“La consigna se ha difundido”, dejó por escrito George Clements, jefe de la Cámara de Comercio de Los Ángeles, “y se está cumpliendo al pie de la letra: no contraten mexicanos hasta que el último hombre blanco tenga un trabajo. El estado legal de los mexicanos no debe tomarse en cuenta. Es una cuestión de color de piel, no de ciudadanía o de derechos”.

Cualquier coincidencia con los Michael Chertoff y Lou Dobbs y Minuteman de ahora será pura coincidencia.

Para los interesados, mi recomendación es que se las ingenien para ver el documental, que además compara la situación de la Gran Depresión de los ‘30 con la actual, y pone en evidencia que los argumentos de los antiinmigrantes son (para sorpresa de nadie), idénticos. Visite la página Web http://aforgotteninjustice.com/ para obtener más información.

Y para terminar, piense en esto: más de un millón de gringos “deportados” en los años ‘30 fácilmente pueden haber tenido, digamos, tres millones de hijos, según la costumbre de tener más de un niño en aquellas décadas. Y esos tres millones deben haber tenido, digamos, a su vez, unos seis millones de hijos.

Es un número interesante. Ni son todos los que están ni están todos los que son, pero viene a coincidir con el número de los inmigrantes mexicanos llamados indocumentados en Estados Unidos por estos días.

Por decirlo de alguna manera, es muy posible que entre esos seis millones haya una cantidad de Vicentes Serranos, nietos de ciudadanos estadounidenses, hijos de personas que debieron ser consideradas ciudadanas estadounidenses. Estírelo un poco, y casi podemos exigir la ciudadanía inmediata para bastantes millones de “ilegales”.?