• México del Norte •

El hijo de inmigrante 

Por:Jorge Mújica Murias

Por alguna razón no del todo lógica, se piensa que “un inmigrante” o que “un hijo de inmigrante” en la Casa Blanca sería mejor que alguien que no tiene una relación familiar directa con la inmigración.

Desde hace un año, cuando comenzaron las campañas electorales, este mito se repitió una y otra vez, y las relaciones inmediatas con la inmigración se resaltaron en varios precandidatos: que si McCain en realidad es panameño porque nació en Panamá, en la zona del Canal (y la zona del Canal seguía siendo territorio panameño aunque la vía transatlántica hubiera estado empeñada por 99 años); que si Mitt Romney en realidad era mexicano porque su padre nació en una colonia mormona en el norte de México, y por lo tanto al hijo le corresponde la nacionalidad mexicana y demás.

Y, por supuesto, se habló mucho de la calidad “inmigrante” de Barack Obama. Es reconocido por todo el mundo que su madre es estadounidense nacida en Estados Unidos, pero que su padre nació en Kenia. Por lo tanto, Barack es “hijo de inmigrante”, de eso no hay duda.

Todas estas clasificaciones son solamente parte de la terrible costumbre gringa de catalogar a todo el mundo. En nuestros países de origen difícilmente pensamos en si somos “latinos” o “hispanos” o “inmigrantes” de primera, segunda o quinceava generación, pero aquí sí.

El sobrino de la ilegal

Pero en el mundo real, el hecho de que Obama sea un 50% inmigrante no garantiza nada. En la última semana de campaña antes de las elecciones se dio a conocer el hecho, comprobado, de que su tía, Zeituni Onyango, es nada más ni nada menos que una inmigrante indocumentada.

Onyango es keniana, media hermana del papá de Obama, y vive en Boston, en un edificio de renta subsidiada. Es indocumentada porque, como miles y miles de inmigrantes, perdió su caso legal de asilo en Estados Unidos y se quedó en lugar de volver a su país de origen.

La ahora famosa tía goza de su vivienda subsidiada por el estado, y, según las autoridades locales, la revelación de que es indocumentada no debe cambiar esta situación, porque la vivienda depende del estado y no del gobierno federal, y ella cumplió todos los requisitos legales cuando la solicitó.

Y ahí es donde se demostró que estar cerca de la inmigración, y particularmente de la inmigración indocumentada, no tiene nada que ver con las posiciones políticas de una persona.

La señora Onyango incluso ha contribuido con tremendos 260 dólares a la campaña para elegir a su sobrino para la Casa Blanca, pero la reacción de la campaña de Obama fue desilusionante. Para empezar, le devolvieron sus 260 dólares (lo cual tiene sentido legal porque los no ciudadanos no pueden poner dinero para las campañas electorales) pero además el comunicado de prensa respecto de la situación la deja colgada de la brocha: “El Senador Obama no tiene conocimiento de su estatus pero obviamente piensa que cualesquiera y todas las leyes apropiadas deben cumplirse”.

En otras palabras, cuando “el hijo de inmigrante” podía haberse lucido y recalcar que las leyes de inmigración no sirven y que existe la necesidad de que cientos de miles o millones de inmigrantes que se encuentran en tal situación sean regularizados a través de un cambio radical de las leyes, prefirió esconderse y dejar a la tía abandonada a su suerte y a la policía de migraciones.

Habrá que forzar al “hijo de inmigrante” a cambiar su punto de vista. El origen de su padre no significa nada especial.