Terminar con el hambre debe ser una prioridad de Estados Unidos

Por Dick Lugar • Senador de Indiana

Al contemplar las políticas de la próxima administración y del Congreso en un tiempo de extrema incertidumbre económica, debemos recordar que el hambre tiene su propio horario. No espera circunstancias políticas convenientes. De hecho, generalmente golpea cuando los tiempos son más difíciles. Frecuentemente llega junto con las sequías, las inundaciones, la guerra o la enfermedad. Pero, como nos hemos dado cuenta recientemente, también puede provenir de circunstancias económicas menos dramáticas, como el aumento de los precios de la comida para aquellos que menos la pueden comprar.

Vivimos en un mundo donde cerca de mil millones de personas sufren una inseguridad crónica en cuanto a sus alimentos. El Programa Mundial de Alimentos informa que 25,000 personas mueren al día por causas relacionadas a la desnutrición. Por lo tanto, asegurar que la gente coma es una prioridad humanitaria de base.

Sin embargo, también es un asunto estratégico. Si fallamos en nuestra respuesta al hambre, entran en riesgo muchas otras prioridades tanto en casa como en el exterior. Los niños hambrientos aprenden menos en la escuela y son más vulnerables a varias enfermedades. Si los niños sufren una desnutrición sostenida, a menudo desarrollan deficiencias cognitivas serias, con tremendas consecuencias para el futuro de la sociedad.

En un contexto global, nuestros esfuerzos diplomáticos para mantener la paz serán más difíciles allí donde el desabastecimiento de alimentos contribuye al extremismo y al conflicto. Nuestras esperanzas sobre el desarrollo económico en los países pobres continuarán frustradas si las poblaciones no se alimentan correctamente. A corto plazo, el hambre debe ser uno de los puntos de inicio para las políticas tanto internas como externas de Estados Unidos.

La urgencia creciente por lograr la seguridad alimentaria presenta a Estados Unidos, líder mundial en producción y tecnología agrícola, responsabilidades especiales y oportunidades únicas. Un esfuerzo mejor enfocado para unirnos a otras naciones para aumentar la producción, mejorar la distribución y ampliar el conocimiento sobre agricultura podría contribuir al advenimiento de una nueva era en la diplomacia de Estados Unidos. En el mejor de los casos, si colaboráramos con la eliminación del hambre en todo el mundo, esto se convertiría en un pilar de nuestra política exterior y así seríamos reconocidos por las naciones del mundo. Un esfuerzo tal podría crear relaciones con naciones donde, hasta ahora, hemos tenido muy poca conexión. Podría ayudar a solidificar nuestra imagen global, mejorar nuestras relaciones de intercambio y servir como modelo para esfuerzos similares en las áreas de energía y cooperación científica.

Los líderes mundiales deben comprender que, a la larga, satisfacer la demanda global de más y mejor comida no se puede lograr de una manera intermitente. Sólo resolveremos este problema aumentando la producción por acre, ampliando el acceso al conocimiento sobre agricultura y tecnología y reduciendo las barreras de intercambio que restringen la circulación de los alimentos.

En la década de 1930 mi padre, Marvin Lugar, producía un rendimiento de maíz de aproximadamente 40 a 50 costales por acre. Este año la granja Lugar produjo cerca de 155 costales por acre en la misma tierra del condado de Marion, Indiana. La Revolución Verde, que tuvo lugar entre 1965 y 1985, introdujo semillas de alto rendimiento y técnicas de agricultura mejoradas que permitieron que la producción de granos por acre aumentara al doble. Pero el rendimiento tal vez deba redoblarse o triplicarse nuevamente. Necesitamos una segunda Revolución Verde que beneficie a naciones desarrolladas y en vías de desarrollo por igual.

A pesar del arduo trabajo de muchos científicos, economistas y militantes sociales para lograr la seguridad alimentaria, la comunidad global no ha afrontado los cambios políticos y sociales necesarios para aliviar la inseguridad en la cuestión de los alimentos. A menos que lo hagamos pronto, podríamos presenciar un aumento en la inseguridad alimentaria global, a medida que la demanda de alimentos sobrepase nuestra capacidad productiva. El impacto impredecible del cambio climático refuerza los riesgos del retraso, especialmente para las naciones en desarrollo.

El dilema de la inseguridad de alimentos se refleja en el caso de Zambia, en el sur de África. Zambia es un país de casi 12 millones de habitantes en un área un poco más grande que Texas. Posee recursos acuíferos significativos y abundante tierra arable, a diferencia de muchos países donde el agua y la calidad de la tierra son los obstáculos más importantes en la producción de agricultura. Ahí puede crecer una gran variedad de cosechas, desde maíz y trigo hasta mandioca y caña de azúcar. Zambia posee un gobierno estable, y poco tiempo atrás se llevó a cabo una elección presidencial pacífica en términos generales. Han evitado el tipo de conflictos debilitantes que contribuyen a la inseguridad alimentaria severa en países como Sudán, Liberia y Somalia. Además, Zambia comparte fronteras con siete vecinos del sur de África, que podrían ser compradores potenciales de productos de agricultura.

Sin embargo, a pesar de estas ventajas, grandes partes de Zambia no tienen seguridad alimentaria debido a la infraestructura pobre, las políticas gubernamentales distorsionadas, la falta se investigación, los bajos niveles de inversión para el campo, el rechazo a la tecnología de modificación genética y otros factores creados por el hombre. Esto no quiere decir que desarrollar el sector agricultor de Zambia sea cosa simple. Su gente lucha contra sequías e inundaciones y más de la mitad de los zambianos subsisten con un dólar o menos al día. Pero no hay razón para que Zambia, finalmente, no llegue a la seguridad alimentaria, aumente su propio desarrollo rural y contribuya a estabilizar los problemas relacionados con los alimentos en el sur de África.

Tenemos que ayudar a desbloquear la productividad agrícola en Zambia y en varias otras naciones que están rindiendo muy por debajo de su potencial agrícola. Es necesario destinar una porción más grande de apoyo al desarrollo a la agricultura y al desarrollo rural. La asistencia exterior de Estados Unidos ha disminuido cerca de 70 % desde la década de1980. Sólo se dedica el 4% de la ayuda mundial al desarrollo de la agricultura. Teniendo en cuenta todo esto, el senador Bob Casey y yo hemos presentado el acta Global Food Security del 2008. Esta enmienda crea un Coordinador Especial para la Seguridad Global de Alimentos, que tendrá a su cargo el desarrollo de una estrategia para la seguridad alimentaria. Hacemos un llamado al gobierno, a las ONG y al sector privado para desarrollar juntos esa estrategia. La enmienda aumentaría la productividad agrícola y el desarrollo rural en 9.75 mil millones de dólares en los próximos cinco años. Según algunas estimaciones, los fondos que dedicados a la agricultura pueden ser hasta cuatro veces más beneficiosos para el crecimiento económico que los que se gastan en otras áreas.

La enmienda crea un nuevo programa que reforzaría las instituciones de educación profesional en las áreas de ciencias, investigación y programas de extensión. Las inversiones en capital humano y capacidad institucional son importantes para desarrollar un sector agricultor robusto.

Finalmente, la enmienda mejora la respuesta de Estados Unidos a la crisis alimenticia, ya que crea un fondo aparte llamado Emergency Food Assistance Fund, que permite hacer compras regionales de alimentos allí donde es apropiado. Pretendemos fortalecer el crecimiento de mercados locales para estimular la producción local de alimentos. Se ha reportado que a menudo la ayuda alimentaria puede tomar de cuatro a seis meses desde el momento en que ocurre la crisis. Queremos proveer ayuda gubernamental de una manera más rápida.

No existe una buena razón por la cual cerca de mil millones de personas tengan inseguridad alimentaria. Recordemos que la persistencia de esta situación provoca conflictos sociales graves, y esto aumenta la inseguridad global. Debemos trabajar juntos para expandir el compromiso de Estados Unidos y del mundo con la agricultura y la nutrición. Esto ayudará a alimentar a muchas personas y a enriquecer la vida de todos los que prestan servicio a otros.