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  • Edición impresa de Noviembre 2, 2010

Los fabricantes y las tiendas de armas en Estados Unidos cada vez dependen más de las adquisiciones que les hacen compradores hormiga pagados por el crimen organizado.

Kristen Rand, una de las expertas en tráfico de armas más respetadas en Estados Unidos e integrante del Centro de Políticas sobre Violencia (VPC), explicó que estas empresas “se están volviendo dependientes de las ventas ilegales de armas, y no sólo a México. También han expandido sus ventas a otros países latinoamericanos y al Caribe. Con el tiempo, esas compañías se harán más dependientes de esas ventas ilegales, que compondrán un mayor porcentaje de sus ganancias”. Es casi imposible saber cuántas armas se producen y venden al año, pues, de acuerdo con Rand, “las empresas de armamento son el sector de la economía estadounidense cuya información está más protegida”.

Este fenómeno se acentúa porque hay ciertas marcas y fabricantes preferidos por los criminales. Bushmaster, DPMS y Barrett están entre los constructores estadounidenses de fusiles de asalto elegidos por los carteles. Bushmaster y DPMS son dos compañías que recientemente se consolidaron en un solo consorcio llamado Freedom Group. La investigadora destacó que el consorcio asegura que controla la mitad del mercado de armas de asalto en Estados Unidos y, de hecho, “sus ventas de armas de asalto se incrementaron notablemente antes de la elección del presidente Obama, porque había un miedo generalizado de que él iba a prohibir las armas. Esas marcas son muy populares entre los traficantes”, detalló. De acuerdo con el dueño de una tienda de armas en Maryland, quien pidió no publicar su nombre ni el de su tienda, “justo cuatro meses antes de que Obama llegara al poder, vendí 50 rifles AR-15”. Cada una costó mil dólares, en promedio. Rand, que ha analizado el modus operandi de los traficantes que trabajan para narcos mexicanos, explicó que ha visto varios casos donde se pasan a México hasta 15 o 20 rifles AR-15 Bushmaster en un solo cruce”.

Del lado de los productores de armas europeos, los narcotraficantes mexicanos se han decantado por una empresa belga: Fabrique Nationale, que construye la famosa pistola FN 5.7, conocida en México como “mata–policías”, porque perfora los chalecos antibalas. Otro de los rifles importados por consorcios de Estados Unidos es el AK-47 WASR, fabricado en Rumania. “El problema es que son muy baratos, cuestan apenas 300 dólares”, explicó Rand.

 

 


 

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