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  • Edición impresa de Noviembre 16, 2010

Por Javier Sierra

Cierto catedrático de Harvard predijo hace años que la energía solar estaría ampliamente disponible el día que Exxon fuera el dueño del sol. Después de esta elección en la que los contaminadores y sus lacayos electorales se ven amos y señores de Washington, la predicción del catedrático más bien parece una maldición

Pero una estrella brilla con especial intensidad en estas horas difíciles. Es la estrella de la bandera de California, el estado que una vez más ha dado una lección de sentido común y visión de futuro al resto del país. Y los votantes hispanos han sido cruciales en este extraordinario éxito. Los latinos se convirtieron en el 22% del total de votantes en California, un récord que hirió de muerte a muchos republicanos.

Y una de las heridas que más duelen, sin duda, es la calamitosa derrota de la Proposición 23, el engendro de dos petroleras texanas, Valero y Tesoro, y de los hermanos Koch, dueños de Koch Industries, el árbol de dinero para las causas más tóxicas del país.

Pero sus casi 10 millones de dólares para promocionar una iniciativa encaminada a acabar con la AB 32, una de las leyes de energía limpia más avanzadas del mundo, se estrellaron contra un muro de oposición bipartidista. Las petroleras sufrieron una humillante derrota de 20 puntos en la que los votantes hispanos de nuevo jugaron un papel clave.

En California, y en otros estados, los grandes perdedores políticos fueron los enemigos de los inmigrantes. Para la contienda de la gobernación de California, el demócrata Jerry Brown y la republicana Meg Whitman estaban empatados hasta que se supo que ella había despedido a su empleada indocumentada. Más tarde, Whitman dijo que su empleada debía ser deportada pese a haberla considerado durante nueve años "un miembro de la familia". Esta crueldad disparó a los latinos hacia las urnas y el 86% por ciento de ellos votó no sólo por Brown sino también por la senadora demócrata Bárbara Boxer, quien derrotó a la también enemiga de los inmigrantes Carly Fiorina.

Otra gran noticia fue el también catastrófico fracaso del intento de engañar a los latinos para que no votaran. En Nevada, la candidata ultraconservadora Sharron Angle, se estrelló contra el mismo muro de indignación: el voto hispano. En su contienda con el Senador demócrata Harry Reid, Angle dejó claro su desprecio por los inmigrantes y su apoyo a la draconiana ley antiinmigrante de Arizona.

La campaña de Angle y otros operativos republicanos tenía bien claro que si los votantes hispanos acudían a las urnas en gran número, sería imposible derrotar a Reid. Y para evitarlo vimos vergonzosos ejemplos de supresión de voto, como el de Robert de Posada, un experto en las peleas políticas más sucias.

Por medio de anuncios de radio y televisión, el Sr. De Posada instruyó a los votantes hispanos a que se abstuvieran como "castigo" contra el Presidente Obama por no haber establecido una reforma migratoria. Pero al Sr. de Posada le salió el tiro por la culata, porque los latinos salieron a votar en masa y el 90% lo hizo por Reid, quien gracias a ello logró una aplastante victoria sobre Angle.

Y en estas horas sombrías, el sol salió por California.

 


 

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