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  • Edición impresa de Noviembre 15, 2011

Recolonizar

Por David García Martín

Hay una lucha sin precedentes por comprar y arrendar tierras en África. En los últimos tres años, gobiernos e inversores privados han comprado más de 60 millones de hectáreas, según Global Land Proyect, una ONG que sigue de cerca este fenómeno. Los gobiernos corruptos y la falta de transparencia son algunas de las características de este trasiego de propiedades. Mientras tanto, los autóctonos luchan por no perder el lugar en el que trabajan.

India, China, Catar, Arabia Saudí y Holanda son algunos de los países que han salido a la compra o alquiler de tierras fuera de sus fronteras. Una forma de tener cubiertas las necesidades alimenticias básicas, pero también una manera de hacer negocios. Fondos de pensiones privados, los famosos hedge funds, o fondos estatales de países como Suecia, Dinamarca o Estados Unidos están en el negocio.

Todos estos movimientos especulativos y financieros no sólo afectan a las personas que viven en esos lugares, sino que ha creado un nuevo mapa de intereses geopolíticos. Además, habría que añadir al fenómeno el incremento de la población mundial que hace unos días pasó la barrera de los 7,000 millones de habitantes en el mundo, la necesidad de proporcionar dietas más ricas a los países emergentes, y los terrenos destinados  a los biocombustibles, en detrimento de los dedicados a alimentas para consumo.

Todo esto explica el aumento del precio de los alimentos y el interés por arrimarse a este sector. Ya sea para satisfacer necesidades futuras o para hacer negocios. La escalada de los precios de los alimentos básicos ha sido considerable. En diez años los cereales han duplicado su precio y los del azúcar  se han triplicado.

Pero todo este entramado de compra-venta de tierras, casi todas en manos de los estados, no sólo tiene puesta su mirada en terrenos fértiles, sino que además buscan lugares ricos en agua, otro de los tesoros que ya escasean.

Los que están a favor de las compras presumen que estas inversiones van a modernizar el país y a crear puestos de trabajo. Pero la realidad es  tozuda en ocasiones y se resiste a cumplir las expectativas más optimistas. No es la primera vez que grandes corporaciones, dejando en sus países de origen su sentido de la responsabilidad social, desalojan a comunidades enteras o las condenan a la pobreza con contratos leoninos, además de atropellar sus derechos como trabajadores, bajo la atenta mirada del gobierno de turno que gira la cabeza y pone la mano.

En este sentido, David Anderson, Profesor del Centro de Estudios Africanos de la Universidad de Oxford advierte: “África está siendo explotada otra vez. Sus tierras son la solución barata para los problemas de otros”. Como no hay materias primas y hay demasiados requisitos que cumplir en los países ricos, queda África para hacer y deshacer sin que nadie proteste. Esa parece ser la lógica de muchos de los que están explotando los recursos de las tierras africanas.

Si no se cuidan las formas y el fondo en este asunto, el aumento de los precios de los alimentos, la explotación sistemática de las tierras, junto al carácter autoritario de muchos de sus gobiernos y la falta de respeto hacia sus habitantes y hacia el medio, es muy probable que surjan nuevos conflictos. África ya fue colonizada hace dos siglos.

 

 


 

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