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  • Edición impresa de Noviembre 20, 2012

México del Norte • ¿De veras nos la debe?

Prácticamente cualquier artículo escrito después de las elecciones relacionado con la comunidad inmigrante insiste en que Barack Obama, reelecto presidente de Estados Unidos, “nos la debe”.

“Un 10% de los votantes son latinos y un 71% de los latinos votaron por Obama”, dicen estos comentarios. “En Nevada, Colorado y Nuevo México, los latinos le proporcionaron el triunfo a Obama”, dice Matt Barreto, dirigente de Decisiones Latinas, una organización de investigación.

Es interesante. Obama se llevó, efectivamente, el 71% del voto latino, comparado con un 67% en 2008, y un ridículo 53% de apoyo al candidato demócrata John Kerry contra George Bush en 2004. Pero no es cierto que haya ganado por el voto latino.

Como el lector recordará, el voto popular no elige al Presidente de Estados Unidos, sino el voto del Colegio Electoral. Y Obama le dio una paliza a Mitt Romney en votos electorales, 332 contra 206. Los únicos estados donde el voto latino, asumiendo que se votara en bloque, le dieron el triunfo a Obama, fueron Nuevo México, Nevada, California, Florida, y Colorado. Aún si quitamos todos los estados donde hay más votantes latinos que la diferencia necesaria para ganar, Barack Obama hubiera ganado más votos electorales que Romney. En Virginia, Iowa, Wisconsin, Carolina del Norte y otros estados clave, no hay suficientes latinos (y para el caso, tampoco afro americanos) como para hacer una diferencia.

No “nos la debe”, por más cuentas alegres que se quieran hacer. Los latinos votaron, pero no decidieron la elección. 

Nos la tiene que pagar

Pero aunque no nos la deba, nos la tiene que pagar.

Afortunadamente, la impresión de que si “elegimos a Obama” ha servido para reanimar el tema de la reforma migratoria, empezando por los republicanos. Es obvio que perdieron el voto latino, y algunas encuestas de salida indican que dos terceras partes de los votantes de todo tipo apoyan una reforma migratoria.

Los senadores Lindsey Graham y Chuck Schumer, republicano y demócrata, ya comenzaron a trabajar el tema, aunque no dan detalles precisos. Repiten la vieja cantaleta de “asegurar la frontera” y “ejercer las leyes”, pero mencionan también por ahí el famoso “camino a la ciudadanía”.

Sin detalles tampoco, el líder republicano en la Casa de Representantes, John Boehner, dice que está bien hablar de reforma migratoria, pero señala que “no se trata de una ley de tres mil páginas, sino de ir paso por paso, asegurar la frontera, ejercer las leyes y arreglar un sistema de inmigración que no funciona”.

Y parece que a nadie se le escapa la cuenta económica. Legalizar a los inmigrantes sin documentos, según cuentas del Centro por el Progreso Americano, le inyectaría 150 mil millones de dólares a la economía, porque les permitiría a los trabajadores negociar mejores salarios  y ese dinero se gastaría en la economía local, en los pequeños negocios de los que depende la economía nacional en muy alta proporción.

Como quien dice, sea porque les espantaron las cuentas electorales, o porque entienden la necesidad de trabajadores regulares, los políticos están dispuestos a legalizar a los inmigrantes sin documentos. Hay que tomarles la palabra, porque números y política aparte, es verdad que “nos la deben” y nos la tienen que pagar…

 

 


 

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