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  • Edición impresa de Noviembre 18, 2014

Jaime Díaz Orihuela: Compositor, escritor y profeta del indigenismo Latinoamericano

Si el director artístico del Vesper Chorale, Wishart Bell no incluyera a las naciones del mundo en su visión del arte musical, nos habríamos quedado sin escuchar “Discovering the Americas”, el concierto que trajo desde la mágica tierra de los Incas a Jaime Díaz Orihuela.

Presentado el pasado 9 de noviembre en South Bend, Indiana el Concierto Machu Picchu, compuesto para quena y orquesta es una obra que recrea la andenería inca y transporta el espíritu a las inextricables alturas de la Antigua ciudad incaica. Nayo Ulloa, músico peruano residente de Goshen, tocó la quena magistralmente revelando el inmenso potencial musical del instrumento, especialmente en el tercer movimiento donde, al diálogo entre la quena y la orquesta se une el tañir de campanas. El maestro nos dijo que las campanas significan el triunfo de la quena sobre un tiempo milenario al que ha sobrevivido.

Tres cosas dice Jaime Díaz Orihuela de sí mismo: Amar la música, ser un buscador de la identidad latinoamericana y estar ligado al Dios Grande, aquel cuyo proyecto incluye la liberación de la humanidad.

“La música, aunque no se puede tocar, está relacionada con Dios...” Así comienza nuestra conversación con este hombre formidable oriundo del Perú. Lo acompaña en la entrevista su esposa, Ana María Ahumada Vega, quien alterna la conversación con comentarios claves acerca de la trayectoria artística del maestro. “Su música es pentatónica” nos comenta mirándole a los ojos, a lo cual él añade: “Nadie ha trabajado el misterio de las armonías que existen en la pentatonía, las cuales se extiendieron por los Andes, a medida que se desarrollaron las diversas culturas de América. Los Andes vienen a ser como la columna vertebral del planeta que sirvió de cuna a los pueblos indígenas de América Latina”.

"Comencé a estudiar música a los 7 años bajo la dirección de mi padre, Aurelio Díaz Espinoza, quien fue un gran músico.

Después pasé al conservatorio en Lima y luego viajé a Europa, gracias a una beca que me concedió el gobierno peruano por mi trabajo pedagógico en la ciudad de Huánuco. Estudié en España e Italia.

Su esposa continúa narrando los siguientes eventos como si fueran, la de los dos, una sola vida: “Años más tarde retorna a su misión de llevar la música a los niños y jóvenes a través de los “conciertos pedagógicos”. De 1975 a 1979 hicimos muchas giras por el Perú, llevando música a las escuelas y colegios. Era un trabajo arduo. Yo me encargaba de todos los arreglos, que incluían cargar un piano de cola en cada presentación. La gente lloraba con cada audición.

Se podría decir que la música de Jaime Díaz Orihuela ha sido recibida con lágrimas dondequiera que él la ha llevado.

“Así ocurrió cuando se estrenó la Cantata a la Ciudad Caudillo, dedicada a Arequipa, mi ciudad natal. Igual ha ocurrido en todas mis presentaciones en Bolivia, Brasil y Miami, EUA. En South Bend, Indiana no ocurrió nada diferente. Paula Morrow, cellista de Vesper Chamber Orquestra se acercó y me dijo que en todos los ensayos anteriores al concierto, ella tocaba esta música y comenzaba a llorar”. Y aquella noche del concierto, al término de la presentación, las puertas se abrieron pero la gente no quería irse. Varios que lloraron de emoción también querían darle un abrazo al genial compositor.

“Es porque la gente siente las vibraciones de la música y se identifica con ellas”, nos dijo. Oyendo estas palabras pude entender por primera vez, desde una perspectiva distinta, que la música es realmente un lenguaje universal.

La historia de cuándo y cómo escribió la Cantata a su ciudad natal nos revela una arista beligerante y revolucionaria de su creador.

El maestro comienza diciendo: “En 1950 hubo una huelga en Arequipa y se desató un encuentro violento entre el pueblo y el gobierno. Yo tenía 23 años. Al oír el ruido de balas que venía de la calle, salí y vi que estaba por producirse una masacre entre la bota militar y la comunidad. Entonces me metí en la pelea, organicé 100 hombres y le hice frente al conflicto, el cual cobró la vida de muchas personas de mi pueblo, entre ellas algunos amigos míos. Como resultado de mis acciones de protesta tuve que escapar a una pequeña ciudad, a 20 kilómetros, hermosa por sus molinos. La imagen de los muertos causó tanta impresión en mi que se convirtió en la inspiración para escribir La Cantata a la Ciudad Caudillo”.

Al término de una larga y amena conversación alternada por momentos de profundo silencio así como por estallidos de contento, le hicimos a su esposa la siguiente pregunta: “Ana, en tu vivir con este hombre por más de 40 años, nadie mejor que tu para decirnos, ¿Quién es él?”. A lo cual respondió sin el menor asomo de duda: “El es una persona de carácter bello y bueno. No tiene diferencias de clases sociales. Lo mismo saluda al portero de un ascensor que a alguien que tiene fama. La música es su vida. Hace dos noches lo vi dormido con los brazos como en actitud de oración y pensé para mí misma, debe estar orando. Al día siguiente, se levantó y me dijo: Anoche estuve componiendo. Ya tengo el Himno para Indiana. Solo me falta el texto”.

Impresionado por esta revelación tan personal acerca de la vida del maestro me volví hacia él y le pregunté qué tipo de música era el Himno de Indiana. Me dijo que era puramente religiosa “pero no deja de tener una campanada de rebelión”.

Y es que Jaime Díaz Orihuela sigue siendo un luchador a pesar de su edad. Su sueño por una humanidad libre y un mundo justo están tan frescos como su abundante inspiración.

Si, la música es mi vida, reafirmó. Trabajo todos los días, a pesar de mis 87 años de edad porque todavía tengo el cerebrito limpio, dice sonriendo. Sacsaywamán, el nombre de su última obra, que hace referencia a las ruinas de piedras gigantescas de la ciudad de Cusco es una obra que está por estrenar. “Yo me he metido en esas piedras de 20 toneladas y las piedritas me han contado qué era lo que pasaba en esos tiempos”.

Premios? Muchos. El espacio de este artículo es mínimo para mencionar toda la obra musical y los numerosos premios obtenidos por este hombre menudo, de escasa estatura y gran corazón. Hace 2 años recibió la Medalla de Oro de Arequipa por su aporte a la cultura de la ciudad y del país. Los niños de las escuelas del Perú estudian su biografía y recitan la Cantata como parte del currículo de educación oficial. Pero su mayor premio es haber llevado las vibraciones musicales del Perú profundo a todas partes del mundo. El estado de Indiana y particularmente la ciudad de South Bend se han sentido honrados ante la visita del compositor Jaime Díaz Orihuela, quien trajo con su música el mensaje del Canto de los Apus, la melancolía y la alegría del espíritu indígena y la visión profética del Gran tiempo que se acerca para la humanidad, en el que la globalización hace posible que las voces milenarias de América Latina al fin puedan oírse.

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El maestro Jaime Díaz Orihuela

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Nayo Ulloa, quenista profesional peruano residente de Indiana y su maestro, Jaime Díaz Orihuela durante su corta permanencia en Goshen

 


 

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