Molinos de viento

He pensado en Dios como se piensa en un magnífico poema
en una campana que lejana llama
carcajada del tiempo
llanto de fantasmas.
 
Un microser oculto en el cóncavo cuerpo de una botella verde.
 
El viento ulula paciencia filigrana.
 
Yo que le canto al Cantar de los Cantares
mis manos tiemblan
cuando al amor le escribo.
 
Hueco del mundo en su ancestral historia
chorro de luz en un reloj de arena
en el gotero de los perdidos días.
 
En cada amanecer me pierdo
suelo soñar con el amado.
 
Voces de viento resbalan por el vidrio
oídos sordos al roce de las almas.
 
Imagino que estoy en las montañas
y que los hombres y mujeres de esta tierra urbana son árboles
o animales que me rodean y cantan su grandeza -su miseria-.
 
Debo reconocer que también los hay humildes
como los ciervos de grandes cornamentas
o los hay fieles como los lobos cuando les falta su pareja.
 
Soy así un animal curioso y asustado
un pájaro no domesticado
un soplo que comienza.
 
Amo la aurora y el rumor de la vida
y, sin embargo, la soledad es mía.
 
Amo las hojas mecidas por el viento
la nieve en las cumbres solitarias y frías
y el destellar del agua
la música
la luna vacía.
 
Amo el dolor que suele enseñarme la alegría.
 
Soy así
pequeño pez a merced de la tarraya
duna lejana en un desierto inmenso
un lamento de trenes en el eco del tiempo
un duendecillo extraviado en algún bosque.
 
Cargo en mis hombros el árbol de la vida
pago por todas mis locas fantasías
bebo en la fuente en la que beben todos
me prenden las espinas.
 
En este entorno denso que a veces me aniquila
esta angustia jalona que me destempla el alma
amo la vida con toda mi ignorancia -antes no lo sabía-.
Como una humilde fuente de un parque imaginario
donde su cara nunca van a lavar las musas.
Amo este mundo con sus pesadas cosas.
 
Soy como un árbol de profundas raíces
donde anidan los tordos y las caracolas duermen.
 
Aunque el presente me deshoje
como si fuera cualquier rosa
el porvenir me anima.
 
Sin hacer el recuento de los viejos agravios
abro los brazos entonces me descubro:
 
Cuánto me asombra el Dios-poema
que ahora me circunda.  
 
Ma. Dolores Guadarrama