Ética del consumo

Adela Cortina • Catedrática de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia • Centro de Colaboraciones Solidarias CCS

Desde que nació la producción en masa, haciendo necesario el consumo masivo en la parte adinerada de la humanidad, nos encontramos en la Era del Consumo. Parece que a los viejos rótulos: “homo faber, homo sapiens, homo ludens” venga a sustituir ese homo consumens.

Algunas gentes se echan las manos a la cabeza ante una situación semejante y presentan frente al consumo una enmienda a la totalidad, aconsejando el abandono de la sociedad consumista. Otras, por el contrario, se encuentran como pez en el agua en ese mundillo y no quieren ni imaginar uno diferente. Las más viven en esa sociedad comercializada, que es la que conocen, dando por natural lo que natural les parece, aunque en realidad sea una creación artificial.

Sin repudios extremos ni adhesiones incondicionales, ¿no va siendo hora de construir una ética del consumo, ya que es la ética la que se ocupa de cosas tales como libertad, justicia, responsabilidad y felicidad?

Eso es lo que he intentado hacer en mi libro “Por una Ética del Consumo”, con el deseo de poner a discusión un asunto tan nuclear para la vida de las personas.

Si en el siglo XXI puede proponerse algo apasionante, es que los ciudadanos sean los protagonistas de sus vidas, y no esclavos de voluntades ajenas. En esto del consumo, una cosa es ser soberano, como pretenden optimistas corrientes neoliberales; otra, ser vasallo de productores que ejercen una férrea dictadura.

Tenemos un inmenso poder en nuestras manos. Si lo utilizamos bien, podemos cambiar el curso de la producción y, con él, el de la globalización.

Sólo para eso es necesario que sean los propios ciudadanos los que se adentren en el mundo de sus motivaciones, los que sepan si quieren determinados productos porque los tiene el vecino, el personaje famoso de los programas rosa, o el muchacho desconocido al que un reallity llevó a la fama.

No parece, sin embargo, que la forma de consumir de quienes tienen capacidad adquisitiva y la de no consumir de quienes carecen hasta de lo más básico, esté preparando el camino hacia una humanidad más libre, más justa y más feliz. Abrirlo es una tarea urgente para este milenio, que entonces sí será próspero.