La cosecha del hambre

David Guerra • Periodista CCS

Más de 840 millones de personas en el mundo sufren desnutrición, el 14% de la humanidad pasa hambre. Según del informe sobre el estado de la alimentación y la agricultura mundial de la FAO. Desde el 28 de noviembre hasta el 10 de diciembre del presente año, esta organización se reúne en Roma para analizar la situación de la seguridad alimentaria de la Tierra y las deficiencias agrícolas que propician la inanición.

Durante los últimos cuatro años, el número de personas desnutridas ha aumentado en 18 millones, alcanzando unas cifras que doblan la población de toda la Unión Europea. El aumento de la población mundial, unido a un pronunciado descenso de la ayuda alimentaria externa, ha provocado este terrible avance del hambre.

En el África subsahariana, el 33% de la población está desnutrida. Desde la FAO, se insiste en la necesidad de dar una alta prioridad al desarrollo agrícola de la zona, para aumentar la productividad del área e intentar superar los efectos del descenso de la ayuda alimentaria.

La producción de cereales, que supone el 50% de la ingesta calórica mundial, también se ha estancado. La demanda es mayor que la producción, lo que provocará que en el año 2004 se vuelva a tener que recurrir a las reservas por cuarto año consecutivo.

Durante el último decenio, los precios de los productos agrícolas básicos han continuado descendiendo. Los países en desarrollo exportadores de productos agrícolas encuentran dificultades para conseguir ingresos con sus ventas. En la mayoría de los casos, sus precarias economías dependen de la exportación de un determinado producto.

La paradoja llega cuando se observa que la lucha contra el hambre también es un negocio. Las personas liberadas de la desnutrición disfrutarían de una existencia más larga y saludable y las ganancias rondarían los 120.000 millones de dólares como resultado del alargamiento de la vida y la productividad de las personas. Para el año 2015, el Marco Estratégico de la FAO contempla la reducción del número de personas desnutridas hasta la mitad de su nivel actual.

En las próximas décadas, millones de personas continuarán sufriendo los azotes de esta epidemia del siglo XXI, fatalmente unida a la pobreza. El desarrollo agrícola se muestra como una urgencia para reducir los efectos de la desnutrición, pero se necesita la voluntad política precisa para que la futura cosecha les lleve el Derecho a una alimentación adecuada. Porque la única guerra legítima es la guerra contra el hambre.