Hablar con los hijos

Por: Arturo Ramo García

Una agencia publicitaria de Estados Unidos hizo un estudio sobre los gustos y tendencias de la nueva generación de padres de algo más de treinta años, que llamaremos “padres jóvenes”. Cuando ellos fueron pequeños sufrieron las contradicciones de vivir en una familia donde los padres trabajaban (padres mayores) y dedicaban muy poco tiempo a los hijos. Con dos sueldos en la familia, nunca tuvieron privaciones materiales ni les faltaron las comodidades más comunes, pero sintieron la falta de un hogar y la dedicación de sus padres para hablar y convivir en el seno de la familia.

La profesionalitis o dedicación excesiva al trabajo de los padres mayores es para la nueva generación de padres jóvenes una estupidez. Estos no desprecian el dinero, pero buscan en el trabajo otros valores como la participación a la hora de tomar decisiones y el respeto al fin de semana para dedicarlo a la familia.

A veces se habla con los hijos cuando hay algún problema o para dar permiso en una salida nocturna o para pedir dinero o para comentar las notas de la escuela. Pero hay que promover un ambiente favorable en el que se pueda hablar de todo con naturalidad. San Josemaría Escrivá hablaba de crear “hogares luminosos y alegres” en los que en una tertulia familiar todos comentaban las incidencias y aventuras cotidianas. Una norma general sería estar dispuesto a escuchar a los hijos cuando muestren deseos de decir algo. Aunque los padres estén haciendo una cosa aparentemente muy interesante, lo más importante en ese momento es atender y hablar con el hijo de eso que le preocupa. A partir de ahí podrán entrar en su mundo, comprenderlo y poder abrirles nuevos horizontes en su vida personal y estudiantil.