Origen de las luces de Navidad, una herencia de los países nórdicos y su noche invernal

Abandonados por Balder, dios escandinavo de la luz, los países nórdicos combaten las tinieblas del invierno desplegando, al acercarse la Navidad, un sinfín de velas y luces multicolores. Millones de velas, guirnaldas, hachones y fogatas iluminan en esta época los hogares, talleres, oficinas, tiendas, avenidas y edificios públicos, perpetuando la tradición de desafiar a los dioses que, durante varios meses, sólo ofrecen unas pocas horas de luz natural por día. Desde fines de noviembre, en Estocolmo el sol nace a las 9 de la mañana (locales) y se pone a las 2:30 p.m. Pero en Kiruna, más allá del círculo polar, sólo hay dos horas de luz por día. En Suecia, las luces se instalan en las ventanas desde el primer domingo de Adviento, que se inicia en diciembre. Como manda la tradición, los suecos encienden la iluminación del mercado de Skansen, donde la fachada de la estación central de la capital tiene unas 16.000 luces de colores, con una ceremonia que incluye trajes de época y danzas tradicionales. Estas festividades tienen su apogeo en la celebración de la fiesta de Santa Lucía, el 13 de diciembre, día en que las niñas se visten de blanco y lucen coronas de luces. Al otro lado del Báltico, Helsinki se iluminó el domingo precedente a Adviento, cuando llega en tren Papá Noel desde su septentrional provincia de Laponia para dar inicio a las fiestas de fin de año. Como sus vecinos suecos y noruegos, los finlandeses transforman sus casas en cálidos refugios iluminados durante todo el invierno.

La luz como medicamento

Pero la abundancia de luminosidad artifical en estas latitudes abandonadas por el dios Sol no es sólo decorativa. Es también útil para evitar la depresión. En efecto, en los países nórdicos, una de cada cinco personas sufre del llamado trastorno afectivo invernal, un estado de fragilidad psíquica atribuido a la escasez de sol y que produce tristeza, cansancio e inapetencia sexual. Esta patología aparece generalmente durante el período de noche invernal que corresponde a los meses de noviembre y diciembre, antes que la nieve, eficaz reflector de luz, ilumine un poco la vida de la gente. Como remedio para este mal, los especialistas prescriben simplemente curas de luz. En Oslo, las personas más aquejadas frecuentan los “luskafe” (cafés de luz), donde poderosos haces luminosos les devuelven la forma sin dolor y por un precio muy inferior al de un billete de avión para el Caribe.