Y un niño nos guiará

Por Pablo Stucky

La celebración de la Navidad es una afirmación audaz, un grito desafiante de que la vida prevalecerá sobre al imperio de la muerte. 

Yo me pregunto qué hace que dos mil años después del nacimiento de Jesús, cinco mil años o más después de que Dios llamó a los hebreos de Egipto para formar el pueblo de Israel, que después de tantos años en que las guerras, las masacres, las muertes, los abusos, las amenazas y las violaciones no cesan...que hace que todavía sigamos diciendo que brilla la estrella de paz.   Es un acto muy osado, o muy iluso.  

Me atrevo a pensar que lo decimos si lo hemos experimentado en nuestras propias vidas, y si lo hemos vivido en nuestras familias y nuestras comunidades, al menos a ratos.    Porque ese es el botón, la muestra, de que la paz si es posible.   Y entonces, cuando abusamos de la familia o de la comunidad, con maltratos, incumplimientos, chismes, falsedades, violencia, eso es muy grave, porque estamos contribuyendo a que otros digan, “si ve, ni en la iglesia, que se dice ser pueblo de Dios, es posible vivir en paz.” Y se alejan, caen en el desánimo, o en vivir en el egoísmo y la insolidaridad que caracteriza el mundo;  y por eso, participar de la Santa Cena, como hoy, es un compromiso público, ante Dios, de estar bien con el hermano y la hermana, de estar comprometidos a practicar la paz de Dios, ahora.

Y me atrevo a pensar que también decimos que brilla la estrella de paz, como una forma de mantener viva la fe, porque no podemos tolerar, no podemos aceptar que lo único que hay es egoísmo, corrupción, tristeza, sálvese quien pueda.   Y hasta diría uno que bien bobo sería afirmar la fe, y sin embargo seguir viviendo como si no fuera cierto, en vez de empezar a vivir esa realidad hoy, siendo eso posible.

Me llama la atención que Jesús poco habló de esa nueva época cuando ya no habrá tristeza ni dolor. El habló más del aquí ahora. Y nos aseguró que el reino de Dios “...es como un tesoro escondido en un terreno. Un hombre encuentra el tesoro, y lo vuelve a esconder allí mismo; lleno de alegría, va y vende todo lo que tiene, y compra ese terreno. Eso no es para después.  Eso es para ahora, ahora mismo.

Pero si es asombroso que en medio de tanta maldad, nuestra y de otros, sigamos afirmando la presencia de Dios en nuestro medio, es igual o más asombrosa la propuesta de cómo será ese reino.    Leamos lo que dice Isaías 9:2 a 7

En el versículo cinco habla de las botas que hacían resonar los soldados y los vestidos manchados de sangre...eso si lo conocemos.  Y luego dice que serán quemados.  Qué bueno que se acaben todas las estructuras y propuestas militares y militaristas, de cualquier ideología.   Hasta ahí, bien.  

Pero luego dice en el versículo 6 algo asombroso,

Porque nos ha nacido un niño, Dios nos ha dado un hijo, al cual se le ha concedido el poder de gobernar.

¡¿Un niño?!  ¡Que tal!    Es absurdo.   

¿Cómo así que de un niño emanará la paz, la justicia y el derecho?

¡¿Un niño?!   ¿Cómo así?

¿Qué tipo de personas, qué tipo de sociedad, se necesitaría para que un niño los pudiera guiar?  No es ni gratuito ni arte de magia que un niño nos conduzca.   Aunque si es cierto que es posible sólo por la gracia de Dios.

Personas que podrían ser guiadas por un niño serían personas, serían familias, serían sociedades que se dejan guiar. 

Miqueas 6:8 dice...

El Señor ya te ha dicho, oh hombre, en qué consiste lo bueno y qué es lo que él espera de ti: que hagas justicia, que seas fiel y leal y que obedezcas humildemente a tu Dios.

Es gente así que un niño puede guiar.   Es gente así que son señal de justicia y vida sin temor.   Es de gente así que depende que este mundo no se acabe en un mar de llamas.  Es gente así que son anuncio de Navidad, de que brilla la estrella de paz.

Hoy en día se habla mucho de la presencia de Dios, y el mover del Espíritu Santo.  Se hacen tantas afirmaciones...de que Dios me dijo que hiciera esto, de que el Espíritu se movió grandemente aquí, o de que hubo una extraordinaria ministración allá...tantas afirmaciones que yo a veces quedo confundido.  Y me pregunto como saber donde está Dios.   

Pero sí recuerdo que según Mateo 7, Jesús dijo que:

Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos.

Mi lectura de la vida de Jesús es que la vida cristiana es una vida de ética, de perdón, y de amor.  

La ética de ser honesto y de decir la verdad—el si es si y el no es no. La ética del manejo correcto del dinero.   La ética de buscar el bien de todas y todos,

Y sobre todo, el seguimiento a Jesucristo es una vida de amor.    Sinceramente respetar y buscar el bien de la otra, del otro, es lo que hace posible el reinado del Niño, donde la paz no se acaba, y que está fundamentada en la justicia y el derecho desde ahora y para siempre, como dice Isaías 9.