No es suficiente

Cada ocho segundos una persona es infectada por el VIH. Hoy son más de 40 millones los enfermos de sida en el planeta y la mayoría aún no lo sabe. El número de personas infectadas ha aumentado un 10% en los dos últimos años, a pesar de las campañas de prevención y de los esfuerzos realizados tras la Declaración de Compromiso sobre el VIH de 2001, como denuncia Onusida en su último informe.

África sigue siendo el continente que más preocupa. Tan sólo en el área subsahariana viven cerca de 25 millones de infectados.

El Caribe está en el segundo puesto. La situación ha mejorado en las zonas urbanas de Haití y en las Bahamas, en la República Dominicana y Barbados permanece estable.

Latinoamérica, Europa del Este y Rusia son las zonas donde el sida ha aumentado de manera más rápida. En Latinoamérica, ya hay más de dos millones de personas con el virus.

En los países del Norte, la enfermedad está controlada, pero hay una cierta laxitud en las tareas de prevención y prácticas sexuales de los más jóvenes.

La respuesta al sida debe volverse mucho más enérgica, más estratégica y mejor coordinada para conseguir el control y la reducción de esta enfermedad que ha infectado a 65 millones de personas en el último cuarto de siglo.

La educación y el acceso a la información son dos armas fundamentales. Mucho queda por hacer, pues las encuestas indican que menos de un 50% de los jóvenes del planeta cuenta con una información adecuada sobre la enfermedad.

Una vez la persona se ha infectado, hay que conseguir que pueda ser tratada de manera adecuada. En este aspecto, el número de personas tratadas con antirretrovirales ha aumentando en más de un millón en los últimos cinco años y en menos de un año, se ha conseguido que el número de centros que proporcionan los tratamientos llegue a los 5,000 frente a los 500 de 2004.

Hay que conseguir un compromiso y trabajar para acabar con el estigma que supone ser enfermo de sida. Hay que cambiar las normas, actitudes y comportamientos sociales que contribuyen a que la epidemia se expanda y afrontar temas como la formación de las mujeres, la homofobia, las actitudes hacia la prostitución o los consumidores de drogas.

Ya han pasado 25 años desde los primeros casos de VIH, cuando se pensaba que era una enfermedad de homosexuales, haitianos, heroinómanos y aquellos que necesitaban hemoderivados para transfusiones. También se ha luchado para que medios de comunicación y políticos dejen de hablar de “grupos de riesgo” para hablar de “prácticas de riesgo”, como mantener relaciones sexuales sin preservativos o compartir las jeringas. Hoy, según demuestran los datos, parece que lo estamos olvidando. Cada vez son más los jóvenes que piensan que el sida no va con ellos, que si el chico o la chica parece saludable está libre de riesgo.

Hay que acabar con la idea de que el sida es una enfermedad “de pobres”.

Ana Muñoz / CCS