Divorcio: ¿solución o equivocación?

Por Samuel Hernández

Se enamoraron, se casaron y empezaron una vida que estaban seguros los llevaría a la felicidad.

A los cinco años las cosas no iban bien. Al principio ignoraron los problemitas, el amor podría sobrellevarlos todos. Pero llegó la crisis.

Primero, el dinero no alcanzaba. Él la acusaba de gastar demasiado, de no cuidar su apariencia, de descuidar a los niños. Ella, de pasar más tiempo con sus amigos que con su familia, ya no era el romántico de antes. Concluyeron que su hogar ya no era feliz, habían fracasado y buscaban solución.

Ella empezó a pedir consejos a todos: “Pues si no pueden ser felices, que se divorcien”. Al pensar en esto, se sentía incómoda. Tenía que haber otra solución, pero como todos le aconsejaban igual, con tristeza buscó un abogado.

Él también dudó. En su trabajo, una muchacha soltera se dio cuenta de lo que le pasaba y simpatizó con él prestándole un oído. “Esta me comprende,” pensó él, “Podría ser una buena compañera”, pero para estar con ella tendría que divorciarse. Convencido de que su matrimonio ya no tenía remedio, fue con un abogado.

Les explicaron a sus niñitos lo que estaba pasando, se sintieron tristes, pero como les dijeron que todo iba a salir bien y que papá los visitaría de vez en cuando, se fueron a jugar. Solucionado.

Él se juntó con la muchacha. Alquilaron un apartamento y comenzaron a comprar cosas que les gustaban, autos nuevos y artículos de belleza para ella, que quería mantener una buena apariencia y le gustaba ir a eventos.

Pero a él no le gustaba que fuera tan libre. A veces ella no le avisaba adonde iba y él se imaginaba que paseaba con algún amigo. Le reclamaba, ella decía que no se había juntado con él para ser dominada. Esto lo frustró. Cuando le dijo que su primer esposa no había sido así, ella respondió que allí estaba la puerta.

La primer esposa le pedía ayuda para mantener los niños. Cuando él quiso enviarle dinero, la joven se negó: “Es como si yo estuviera dando de mi dinero. No es mi responsabilidad dar a tu otra familia”.

Una noche ella no regresó. Él, al no poder dormir, pensó mucho. “¿Sirve que viva con una mujer joven y hermosa pero que su corazón no está conmigo”.

Por la mañana, ella llegó: “No tengo que darte cuentas de nada, si intentas hacerme algo, llamaré a la Policía”.

Él no fue a trabajar, fue a visitar un amigo.

­No sé qué hacer...

­Este es el resultado de una decisión equivocada en un momento crítico. La mayoría de los problemas matrimoniales tienen una solución que permite quedarse juntos y obtener un grado de armonía y felicidad aceptable. No existe un matrimonio perfecto. Todo es imperfecto. Cada situación requiere esfuerzo personal para mejorarla.

­Pero no sabes como era mi esposa conmigo, como me trataba y las cosas que me decía.

­¿Nunca te preguntaste a ti mismo por qué ella era así? Supongo que no fue así al principio. Debe haber razones en tu vida que la hicieron reaccionar de tal forma.

­Bueno, sí... empecé a descuidarme de mis deberes. Dejé de demostrarle amor, de hablarle con consideración, de ayudarla...

Los niñitos se asoman y ven a su padre triste andando despacio. Le abren la puerta. Lo abrazan y le preguntan: “¿Te vas a quedar esta vez?”. Él les da un abrazo y sigue hacia ella. No puede detener las lágrimas. Ella ve esa mirada y, sin decir nada, se abrazan por largo tiempo y sus niños también.