El Puente Uniendo

¡Ya viene Santa!

Por José Emilio Cruz Luna

En mi niñez en México había un programa de televisión por demás atractivo y cultural. De los pocos que se ven hoy en día, este espacio lo cubría un actor de nombre Enrique Alonso, apodado “Cachirulo”. El programa consistía en narrar actuando cuentos infantiles. Rodeado de grandes actores, el gran “Cachirulo” utilizó una frase que decía: “A los papás de los niños y a los papás de los papás de los niños”, yo pregunto: ¿quién es Santa Claus?

Se estima que Nicolás de Bari nació cerca del año 280 en Patara, una ciudad del distrito de Lisia, en la actual Turquía. Era hijo de una familia acomodada y creció bajo los tirantes deseos de sus padres. Su padre deseaba que siguiera sus pasos comerciales en el Mar Adriático, mientras su madre pretendía que fuera sacerdote como su tío, el obispo de Mira. Lamentablemente, la peste solucionó su dilema, al llevarse a sus padres, mientras trataban de ayudar a los enfermos de su ciudad. El muchacho, conmovido con la desgraciada situación de su gente ante semejante enfermedad, repartió sus bienes entre los necesitados y partió hacia Mira para vivir con su tío y ordenarse como sacerdote, cosa que logró a los 19 años. Más tarde, al morir su tío fue elegido para reemplazarlo.

De él se cuentan cientos de historias, especialmente narrando sus milagros y sus bondades para con la gente pobres. Tal fue la admiración que sintieron por él que se convirtió en santo patrón de Grecia, Turquía y Rusia. Se estima su fallecimiento el 6 de diciembre del año 345.

La transformación en Santa Claus se cree que sucedió alrededor del año 1624. Cuando los inmigrantes holandeses fundaron la ciudad de Nueva Ámsterdam, más tarde llamada Nueva York, obviamente llevaron con ellos sus costumbres y mitos, entre ellos el de Sinterklaas, su patrono (cuya festividad se celebra en Holanda entre el 5 y el 6 de diciembre).

En 1809, el escritor Washington Irving, escribió una sátira, “Historia de Nueva York”, en la que deformó al santo holandés, Sinterklaas, en la burda pronunciación angloparlante: “Santa Claus”. Más tarde el poeta Clement C. Moore, en 1823, publicó un poema donde dio cuerpo al actual mito de Santa Claus, basándose en el personaje de Irving.

Posteriormente, hacia 1863, adquirió la fisonomía de gordo barbudo bonachón con la que más se le conoce. Esto fue gracias al dibujante sueco Thomas Nast, quien pergeñó este personaje para sus tiras navideñas en Harper’s Weekly. Allí adquirió su vestimenta roja, con altas botas y gorra. Su éxito fue tan arrollador, que pronto se lo vio en cuanta revista infantil se publicaba por ese tiempo. Se cree que su creador se basó en las vestimentas europeas de su época para crear este San Nicolás tan pagano, que nada tiene que ver con San Nicolás de Mira.

A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense pasó a Inglaterra y de allí a Francia, donde se fundió con Bonhomme Noël, origen de nuestro Papá Noel, quien tenía parecido físico con Santa Claus, pero vestía de blanco con vivos dorados.

Ya en el siglo XX, la empresa Coca-Cola encargó al pintor Habdon Sundblom que remodelara la figura de Santa Claus/Papá Noel para hacerlo más humano y creíble.