Un mosaico con varias estrellas de culturas

Por Gary Weaver

Muchas personas creen que Estados Unidos es una amalgama de diferentes culturas en la que ninguna domina o impera. La metáfora que se utiliza a menudo para manifestar esto es la del “crisol”. La gente que llega trae una cultura que aporta a la mezcla que se revuelve y se cuece al fuego hasta que se funden las diferentes culturas.

Hay algo de cierto en esta idea. Estados Unidos es, sin duda, una sociedad multicultural; sin embargo, existe también una cultura dominante. Los inmigrantes se integraron en esa cultura al abandonar muchas de las características que los hacían diferentes para asimilarse a la corriente principal de la sociedad. Algunos sostienen que Estados Unidos a menudo tiene como modelo cultural el hombre de raza blanca, anglosajón y protestante. Los inmigrantes blancos pueden fácilmente conformarse a este modelo al adoptar un nombre anglosajón, convertirse al protestantismo y hablar el idioma inglés sin acento. Sin embargo, no todos encajan en el molde. La gente no puede cambiar su género, el color de la piel o la textura del cabello.

Pero Estados Unidos ha cambiado, la mayoría de los ciudadanos no aceptan la definición de cultura como crisol o molde étnico y es común describir al país como un mosaico o tapiz de culturas. Estas metáforas indican que es aceptable mantener las diferencias y formar parte de una sociedad. En un mosaico o tapiz, cada color es diferente y añade a la belleza total, si se retira una pieza o un hilo todo se viene abajo.

En cuatro estados ­Nuevo México, Texas, California y Hawai­ y en el distrito de Columbia, la población de raza blanca y no hispana constituye una minoría demográfica. La mayoría de los demógrafos coincide en que la población blanca será una minoría en el país para el año 2050. Sin embargo, esta tendencia no parece alterar al estadounidense medio. De hecho, la mayoría opina que la diversidad contribuye a crear soluciones innovadoras y a una mayor productividad.

Pocas personas desean volver al pasado, cuando las minorías tenían que dejar a un lado sus características diferentes para conformarse al molde de la principal corriente cultural.

La cuestión que afronta hoy Estados Unidos no es cómo deshacerse de las diferencias, sino cómo encauzar una sociedad donde existen tantas diferencias. Hoy la diversidad equivale a muchas razas, grupos étnicos, nacionalidades, hombres y mujeres, discapacitados, empleados de todas las edades y personas de diferente orientación sexual. Debido a la realidad de los cambios demográficos, a la creciente interdependencia del mundo y a los beneficios patentes de la diversidad, los estadounidenses se adaptarán y desarrollarán las destrezas necesarias para comunicarse y trabajar con personas de todos los orígenes culturales.