• México del Norte •
La migra humanitaria
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Por Jorge Mújica Murias

Por Jorge Mújica Murias

De rato en rato, los activistas de inmigración, derechos humanos y otras luchas eternas pedimos lo imposible. Para ejemplo diremos que seguimos pidiendo la amnistía incondicional para todos los inmigrantes indocumentados, aunque “amnistía” se haya convertido casi casi en una palabra maldita que ni las organizaciones “no lucrativas” ni los políticos quieren oír pero ni de lejos.

Otra petición, tan imposible de cumplir que hasta el Gobierno de México se llena la boca con ella a cada rato al hablar de migrantes, es “respeto a los derechos humanos” de los migrantes.

Por eso nos llama la atención que de pronto la migra gringa declara que van a cambiar las reglas de sus redadas, y le están pidiendo a sus agentes “emplear criterios humanitarios” para elegir a quienes serán deportados.

Según la vocera de la migra, Lorie Haley, “los agentes fueron instruidos para establecer esa medida a su discreción durante los operativos de detención que realicen en los centros de trabajo”. La instrucción viene directamente de la jefa mayor de los deportadores, Julie Myers, después de tener una reunión con el senador Edward Kennedy y el congresista William Delahunt, y después de enfrentarse a las críticas en los medios de comunicación por varios casos.

Los políticos, por supuesto, cacarearon su huevo y declararon que esperan “que estas directrices aseguren que mujeres embarazadas, madres en lactancia y cuidadoras únicas ya no sean sujetas a detención”, y elogiaron al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE, por sus siglas en inglés) por el acuerdo que permitirá que dependencias estatales de servicio social participen en la revisión humanitaria de los detenidos cuando sea posible.

Suena bonito, ¿no? Una migra humanitaria, que deje de arrestar “mujeres embarazadas, madres en lactancia y personas responsables del cuidado de niños, ancianos o discapacitados”, como dice el lineamiento que el ICE exhorta a sus agentes a cumplir.

Pero nomás suena bonito. La realidad está bastante lejana del sonido.

La migra ha metido la pata en más de una ocasión, por detener y deportar gente a lo bruto, sin fijarse en la condición de cada persona. Hay mucho más que un botón en esta camisa, pero recordemos los casos de las empacadoras Swift, donde detuvieron a cerca de 12,000 personas en todas las plantas del país para asegurar que no se les fueran los 800 indocumentados que andaban buscando.

Ahora dejemos de soñar. Las medidas que se anuncian y que dan la impresión de que ya podemos “gozar” de una migra humanitaria ya existían cuando ocurrieron todos los casos anteriores. Lo que pasa, dice la tal Haley, es que “son ejecutadas a discreción por los agentes al identificar a personas que requieren cuidado médico o asuntos relacionados con la salud”.

Y el tal memo que mandó la migra mayor dice exactamente lo mismo: “a discreción”. La cosa es, agrega la Haley, que “ahora se enfocarán a tener mejores prácticas por razones humanitarias”.

Yo más bien diría que ahora cuidarán más la figura, y tratarán de evitar las constantes críticas y, por ejemplo, las demandas contra los agentes de la migra, como la que le puso el Sindicato de Trabajadores de los Alimentos a raíz de la redada en Swift.

De hecho, la medida es tan tibia que los antiemigrantes como Rick Ohltman, del grupo Californianos por la Estabilización de la Población, dice que no separar padres e hijos “es una medida apropiada… siempre y cuando los sometan al proceso de deportación”. Aunque los niños sean gringos, supongo.

Yo creo que esa es la idea. Las deportaciones seguirán, aunque no resuelvan la cuestión migratoria. La separación familiar seguirá, nomás después de que las mamás amamanten a los bebés. El terrorismo contra pueblos enteros como New Bedford seguirá, nomás que ahora todo será “más humanitario”. Estas prácticas seguirán tan brutales como siempre.