Prisiones privadas, hacia un Estado penal

Por Jorge Planelló / CCS

Microsoft, Starbucks y Colgate son algunas de las empresas que se han beneficiado con la mano de obra barata que proporcionan las cárceles privadas en Estados Unidos. Además, se reduce el coste por recluso y se alivia la sobrepoblación de las cárceles públicas.

Este sistema crece en el país por la obsesión del Gobierno en la seguridad. También Alemania y Francia se han embarcado en la gestión mixta de algunos centros penitenciarios desde hace dos años. Todo ello en el marco de un Estado penal que, como explica el periodista Josep Ramoneda, “ha descubierto en la seguridad la legitimación perdida, al dejar de cumplir la demanda de los ciudadanos como Estado social”. Frente al mayor bienestar demandado por la sociedad, emerge un negocio que busca sacar partido de la inseguridad creada.

Las prisiones, con todas sus celdas completas, obtendrán grandes beneficios, igual que otras empresas de seguridad privada se han visto favorecidas por las guerras de Irak y de Afganistán. El beneficio aportado por esta extraordinaria fuerza laboral ha favorecido el endurecimiento de las condenas. La cárcel se ha convertido en un desenlace cada vez más habitual, como si la paz social se pudiese medir por el número de presos. En Estados Unidos hay más de 2 millones de presos, 7 millones si se incluyen los que tienen libertad condicionada, y se espera que la población reclusa siga aumentando. En 1971 solo había 200,000 presos. El fenómeno destaca el incremento de las condenas de prisión para delincuentes no violentos procesados por traficar con cantidades pequeñas de droga.

Los presos no convocan huelgas y reciben unos salarios que se cuentan por centavos de dólar a la hora. Esto, unido a la exención de impuestos, ha atraído en masa a inversores y empresarios. Corrections Corporation of America (CCA), la primera compañía mundial en el sector, ha conseguido duplicar su valor en Wall Street en los dos últimos años y su previsión para los próximos es halagüeña a la vista del aumento de condenas. La compañía ya tiene miles de celdas preparadas para sacar partido de la persecución de inmigrantes sin papeles, de donde espera sacar un gran beneficio en los próximos años.

El término utilizado para referirse al sistema de prisiones en la nación, “complejo carcelario industrial”, habla por sí mismo de la masificación y de las violaciones de los derechos humanos que se producen, denunciadas por varias organizaciones no gubernamentales.

Nada ilustra mejor la gestión de las cárceles que la decisión de Bill Clinton de recortarle la asistencia social a 70,000 presos para ahorrar 2,500 millones de dólares que irían a quienes “trabajasen duro, siguiesen las reglas y pudiesen recibirlos por ley”.