Cadena perpetua

Por Javier Sierra

El pincel del destino le hizo una muy mala pasada al pueblo de Olga Argüelles. Cien años de bombardeo tóxico han condenado a Anapra, Nuevo México, a una cadena perpetua, a ser una cantera inagotable de prisioneros para las cárceles del estado.

“Todos los amigos de mi hijo de 18 años han estado en la cárcel”, confiesa Argüelles. “Casi todas las familias de Anapra tienen problemas con la Ley. Y llevamos así ya varias generaciones”.

Además, los niveles de escolaridad de los niños de Anapra son de los peores del país. Argüelles dice que ha habido años en los que ni un solo estudiante se ha graduado de la secundaria, y que han pasado hasta 10 años sin que ningún joven haya conseguido ese título. “Hay cuatro camiones para llevar a los niños a la escuela elemental. Pero sólo uno para llevar a los estudiantes de secundaria”, dice Argüelles.

¿Qué ocurre en Anapra? ¿De dónde salió esta terrible pincelada? ¿De dónde vinieron estos cien años de soledad?

La respuesta está justo al otro lado del Río Grande, en El Paso, Texas. Allá la fundición Asarco emitió durante más de un siglo cientos de toneladas de algunos de los metales más tóxicos que se conocen, especialmente plomo. Debido a los vientos predominantes de la zona, Anapra recibió una enorme porción de esta pincelada tóxica que dejó la tierra baldía y a los anaprenses en un círculo vicioso de envenenamiento de plomo.

El plomo es una toxina de enorme potencia. Una vez en el cuerpo, se integra en los huesos de los niños. Son ellos precisamente ­debido a su tendencia natural a llevarse objetos a la boca­ los más expuestos y más vulnerables a los terribles efectos del plomo, que incluyen daños irreparables en el cerebro, retraso mental y comportamiento agresivo.

“Mi hijo tiene un IQ (coeficiente intelectual) muy alto. Pero tiene problemas cognitivos y su problema de agresividad es incontrolable”, ejemplifica Argüelles.

Esta relación entre el plomo y el comportamiento agresivo y criminal ha quedado documentada en los últimos años por numerosos estudios. El más reciente, del investigador Rick Nevin, llega a conclusiones tan asombrosas como persuasivas.

Nevin estudió los niveles de criminalidad en relación con los valores de plomo en el medio ambiente en nueve países. Y en todos, hasta el 90% de las variaciones de los niveles de criminalidad queda explicado por el plomo.

En Estados Unidos, por ejemplo, Nevin observó que hubo dos marcados incrementos en envenenamientos de plomo en el siglo XX, uno a principios de siglo, causado por el contenido de plomo en las pinturas; y otro después de la Segunda Guerra Mundial, debido a la inclusión de plomo en la gasolina. Unos 20 años después de estas circunstancias históricas, los niveles de criminalidad se dispararon.

Nevin también observó que 20 años después de eliminarse el plomo en las pinturas y la gasolina, los niveles de criminalidad descendieron dramáticamente.

En 2001, otro estudio demostró que el número de asesinatos en los condados con altos niveles de plomo era cuatro veces mayor que en condados con bajos niveles.

Un año después, investigadores de la Universidad de Pittsburgh compararon los niveles de plomo en la sangre de 192 jóvenes arrestados con los de 142 estudiantes de secundaria, y observaron que los delincuentes tenían un nivel de plomo cuatro veces más alto.