Apretujarse juntos durante el frío para darse apoyo, calor y amor es un paso en la dirección correcta. Cuando la gente se reune a contar historias acerca de los tiempos difíciles, ellos recuerdan los platos hondos de sopa y el calor de solo un cuarto en la casa, probablemente la cocina donde se reunían a contar historias y a animarse unos a otros.

También hablaban de cosas comunales; por ejemplo la sopa, el arroz o la pasta son cosas comunales porque se pueden estirar para dar de comer a muchos.

En algunos países latinos la gente bromea cuando llega alguien y gritan “Echenle más agua a la sopa, que llegó gente! Muchas veces no era una broma.

Ultimamente ante la adversidad que muchos están enfrentando he empezado a notar más muestras de amistad y solidaridad.

He escuchado de familias que han recibido a otra famailia o más para vivir temporalmente con ellos mientras pasa este mal tiempo económico. Ellos están estirando sus recursos al máximo y al hacerlo están afirmando la vid y el amor.

Por primera vez en décadas se nos ha dado la oportunidad de celebrar el verdadero espíritu navideño, compartiendo e intercambiando regalos de mutualidad y cuidado entre unos y otros en tiempos de necesidad.

La historia bíblica narra acerca de una familia que no pudo encontrart albergue sino en un establo, sin embargo allí encarnó el amor, en medio de la pobreza y no en un palacio.

Hoy en día nos vemos confrontados por la necesidad de la gente sin trabajo, alimentos, ingrgesos o albergue. Es un tiempo para que los cristianos y ciudadanos del mundo aprovechen la ocasión y comparta cada cual de lo que tenga.

Podemos enfrentar los tiempos actuales con optimismo, sabiendo que los seres humanos tienen capacidad de ser generosos y valientes; incluso podemos rescatar nuestra propia humanidad y mantener viva esta lección para que la nueva economía no nos convierta una vez más en clientes y consumidores que solo piensan en sí mismos ignorando las necesidades de otros.

Cuando se piensa en sopa, pensamos en comunidad, cuando pensamos en calor, pensamos en cercanía,

Tal vez, de ahora en adelante el vecino no se vea tan lejano y habrá tiempo de hablar y bromear. Tal vez aprendamos a construir cosas juntos y a compartir lo que tenemos. Podríamos tener solo un televisor en cada casa y gente de diferentes edades viviendo juntas, compartiendo tareas y contribuyendo a la conversación una vez se acabe el programa, se apague el televisor y puedan explorar y comentar juntos sus pensamientos.

Estamos ante una posibilidad de hallar infinitas formas nuevas de relacionarnos y amarnos. Podemos escoger lamentarnos de lo que no tenemos, o aceptar la oportunidad de encontrar formas más creativas de vivir.

Este Advenimiento es una puerta abierta a contar nuestras bendiciones y mirar al futuro con serenidad y anticipación.