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  • Edición impresa de Diciembre 1, 2009.

La mala memoria

Por Rafael Prieto Zartha 

El 20 de noviembre, doce senadores enviaron una carta a la secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, increpándola por su pronunciamiento público del 13 de noviembre en favor de una reforma migratoria integral, que hizo en cumplimiento con la promesa del presidente Barack Obama de impulsar la legalización de doce millones de indocumentados.

En la carta se criticaba la afirmación de Napolitano de que la regularización de los inmigrantes “fortalecería la economía” y los convertiría en contribuyentes plenos al fisco.

Considerando que los indocumentados ya han hecho efectivamente aportes al país, es francamente inmoral que los senadores en cuestión pidan “cesar la discusión acerca de establecer un programa de legalización”.

Voy a rememorar dos conocidos casos de inmigrantes que trabajaron mucho en Estados Unidos, pero su suerte fue dispar.

 Cristóbal Chávez Torres, un obrero de 66 años, fue arrestado el 6 de julio de 2005 por agentes federales en la base de la Fuerza Aérea Seymour Johnson, en Carolina del Norte. 

Aunque los investigadores aseguraron que ni él ni los otros 47 detenidos en la redada representaban un peligro para la seguridad del país, el albañil mexicano fue puesto en proceso de deportación.

Pero Chávez Torres guardaba un secreto sobre su estadía de siete años en Carolina del Norte. El hombre, que no había ganado más de 7.25 dólares la hora, había ahorrado casi 32 mil dólares, que guardó en un frasco de mermelada enterrado en el patio trasero de su “traila”.

El inmigrante tuvo suerte. Gracias a instancias del Consulado de México en Raleigh, las autoridades le permitieron quedarse con su dinero.

Otra vivencia fue la de Pedro Zapeta, un indígena maya de 41 años, oriundo de Guatemala.

Zapeta demoró 26 días en su travesía hacia Estados Unidos, y finalmente se estableció en Stuart, Florida, donde trabajó durante una década lavando platos, haciendo dos o tres turnos.

El promedio de su ingreso fue de 5.50 dólares por hora, que ahorró con la finalidad de construir una casa para su familia.

El 18 de septiembre de 2005, Zapeta fue detenido por agente federales cuando intentaba abordar un vuelo hacia Guatemala.

Zapeta no llenó el formulario que obliga a los viajeros reportar el traslado fuera del país de más de 10 mil dólares. El indígena llevaba en un pequeño maletín 59 mil dólares que le fueron confiscados.

Hasta el día de hoy, el gobierno no ha devuelto el dinero que ahorró el lavaplatos, según me confirmó recientemente su abogado, Robert Gershman, pese a que la Corte de Apelaciones de Atlanta falló en 2008 a favor del indígena.

En relación al caso de Zapeta, un lector del sitio de Internet News Blaze escribió: “Pedro, usted es un despreciable criminal que debe largarse de Estados Unidos, ¡y no regresar nunca! Pedro, respecto de los 59 mil dólares, vamos a usar ese dinero para la construcción del muro en la frontera”.

Rafael Prieto Zartha es un periodista y columnista colombiano radicado en Carolina del Norte.

rprietoz@hotmail.com

 

 


 

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