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  • Edición impresa de Diciembre 15, 2009.

colum121509f3Por Luisa Fernanda Montero

La esclavitud es una realidad. Se estima que actualmente hay en el mundo más esclavos que nunca antes en la historia de la humanidad.

Millones de personas son víctimas de trata y obligadas a vivir en degradantes condiciones que envuelven varias formas de esclavitud: trabajos forzados, servidumbre doméstica involuntaria y abuso sexual.

Muchas de estas personas pueden estar viviendo el maltrato muy cerca de ti, quizás a la vuelta de la esquina, muy cerca de donde vives o trabajas, en el lugar que menos te imaginas.

La crisis económica global ha disparado los índices de la trata de seres humanos, de acuerdo con el último informe del Departamento de Estado. La escasez de empleos obliga a los trabajadores desesperados a tomar cualquier riesgo con tal de tener una mínima remuneración económica, lo que alimenta las redes de traficantes que los esclavizan.

Si las viejas imágenes de africanos encadenados descendiendo de los barcos en las costas del continente eran espeluznantes, no deben serlo menos las de los inmigrantes que hoy son obligados a trabajar en campos aislados donde deben cumplir con extensas jornadas sólo para devolverle a su “empleador” el valor de su viaje, su comida o su espacio para dormir.

Incomunicados y aterrorizados, muchos renuncian a la posibilidad de liberarse porque carecen de documentos y son permanentemente amenazados.

Miles de seres humanos son violentados hasta el cansancio; muchas mujeres, cuando no son prostituidas, son obligadas a prestar servicio doméstico esclavizante sin derecho a ningún tipo de descanso.

Sus captores, muchas veces elegantes amas de casa, les retienen sus pasaportes, en caso de que posean uno, y las mantienen encerradas e incomunicadas a punta de amenazas.

Por su posición privilegiada, Estados Unidos es uno de los grandes países receptores. Miles de personas, atraídas por el sueño americano, ceden a las falsas promesas de traficantes que les ofrecen trabajos honestos para sacar a sus familias de la pobreza.

Ya sea atravesando las fronteras terrestres, o viajando como carga en barcos trasatlánticos, hombres, mujeres y niños llegan al país de los sueños para descubrirse en la más brutal de sus pesadillas.

Por eso el llamado a la conciencia y la solidaridad es urgente. No podemos ignorarlo, no podemos ser indiferentes.

Hay una salida. Si conoces a alguien que crees que es víctima de trata, es violentado, privado de su libertad u obligado a hacer cosas que no quiere, o tú estas en una situación así, no estás solo: existe ayuda. Llama a la línea para frenar la trata de personas al 1-888-668-7282 0 1888 NO - TRATA. La trata es un crimen: ¡Denúnciala!

Amigo lector de La Columna Vertebral, si necesita información adicional o servicios en su comunidad llame a la Línea de Ayuda de la Fundación Self Reliance al 1-800-473-3003.

 


 

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