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  • Edición impresa de Diciembre 15, 2009.

¿Un pez bagre asesino?

Un nuevo estudio, realizado por el estudiante de la Universidad de Michigan, Jeremy Wright, reveló que existen por lo menos 1,250 (y posiblemente hasta 1,600) especies de bagre que pueden ser venenosas, muchas más de lo que se creía. La investigación se describe en un artículo publicado en Internet el 4 de diciembre en la revista de acceso abierto BMC Evolutionary Biology.

Para que nadie se preocupe por los ataques de los bagres asesinos, es importante saber que, al menos en América del Norte, estos ponzoñosos seres con aletas usan su veneno principalmente para defenderse de peces depredadores, aunque pueden infligir un toque doloroso que muchos pescadores han sufrido. En otras partes del mundo algunos bagres tienen venenos extremadamente tóxicos que pueden ser mortales para los humanos.

Los científicos han centrado su atención especialmente en los venenos producidos por serpientes y arañas, pero muy pocos investigadores se han ocupado de los peces venenosos, dijo Wright, quien usó técnicas de histología y toxicología, así como estudios previos de las relaciones en la evolución entre las especies de bagres para catalogar la presencia de glándulas venenosas e investigar sus efectos biológicos.

Las glándulas de veneno de los bagres se encuentran a los lados de las espinas agudas que se encuentran en los bordes de las aletas dorsal y pectoral, y estas espinas pueden erizarse cuando el bagre percibe amenazas. Cuando una espina alcanza a un depredador potencial, la membrana que rodea las células de la glándula de veneno se rasga y el veneno se vuelca en la herida. En su artículo, Wright describe la forma en que el veneno del bagre intoxica los nervios y rompe las células rojas de la sangre, produciendo efectos tales como un dolor grave, reducción del flujo sanguíneo, espasmos musculares y estrés respiratorio.

Los peligros principales para los humanos que lidian con los bagres en América del Norte provienen no tanto de la picadura inicial y la inflamación, sino de las infecciones bacteriales y fungales secundarias que pueden introducirse a través de la herida punzante, o cuando se fragmentan en la herida partes de la espina y otros tejidos, dijo Wright. “En tales casos, las complicaciones vinculadas con estas infecciones y cuerpos extraños pueden durar varios meses”.

En el aspecto evolutivo, el análisis de Wright apunta a por lo menos dos orígenes independientes de las glándulas de veneno de los bagres. Además, las proteínas tóxicas muestran fuertes similitudes con toxinas previamente caracterizadas que se encuentran en las secreciones de la piel del bagre y posiblemente derivan de ellas.

Wright recibió apoyo financiero del Museo de Zoología y la Escuela Raciman de la Universidad de Michigan.

 

 


 

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