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  • Edición impresa de Diciembre 7, 2010

México: Un testimonio de esperanza en el conflicto

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Es increíble el darse cuenta que no todo lo que brilla es oro. Cuantas veces hemos escuchado que alguien se fue a los Estados Unidos para atender alguna enfermedad grave, por ejemplo cáncer, debido a que en este país se cuenta con una gran tecnología y ‘’médicos eminentes’’.

Qué hay de cierto en todo esto?

Mi historia comienza un día regular de la vida cotidiana; mi ojo izquierdo aparece enrojecido, no le doy importancia y me voy a trabajar. Un par de días más tarde noto que mi ojo ha empeorado y decido ir al médico. Me receta unas gotitas para los ojos y me da otra cita para la siguiente semana. Acudo a la cita una semana después para verificar que no ha habido mejoría. Allí aprovecho para pedir al doctor un examen de mi otro ojo, ya que tenía una protuberancia en el párpado.

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Hace unos diez años me comenzó como un pequeño granito y con el paso del tiempo creció desde el tamaño de una lenteja hasta alcanzar unos nueve milímetros de espesor, incluso me había llegado a sangrar ocasionalmente. El doctor me estuvo examinando y cuando terminó me dijo que tenía que consultar un especialista porque podría tratarse de un cáncer de piel.

En ese momento comencé a preocuparme, ya que no contaba con un seguro médico para poderme atender inmediatamente y tampoco sabía la gravedad del caso; además pensaba en mi familia y en una serie de cosas, al punto que ya no sabía ni que hacer. Pasaron otros ocho días antes de regresar nuevamente con el médico, el cual me dice que tengo que ir con otro especialista, un oculista dermatólogo, y me pregunta si contaba con algún seguro médico. Le contesté que simplemente no tenía seguro médico. Entonces me proporciona información sobre unos doctores que me podían atender en el término de doce días. Esperé pacientemente y llegada la fecha fui atendido por una doctora. Luego por otra. Cuando terminaron, me comentaron que necesitaban una biopsia de tejido y que esto tendría que realizarlo otro especialista, lo cual sería ocho días después. No tuve más remedio que esperar ese tiempo, aplicándome fomentos calientes y utilizando unas gotas y tabletas que me habían recetado.

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El día de mi cita con el especialista, la recepcionista me comenta que antes de la biopsia tenía que hablar con el doctor. Me hicieron pasar al consultorio y momentos despues entró un doctor con bata Blanca, complexión robusta y ojos rasgados, tipo oriental. Al verlo dije entre mi: “¡...este doctor me da la impresión de que si sabe”! Me Saluda, se sienta frente a su computadora, me hace unas preguntas y procede a explorar mi ojo con un aparato que tenía un vástago en la punta, el cual iba acercando para chequear mi presión intraocular. En ese momento yo estaba con los nervios deshechos, comencé a sudar frío y pensaba: !...Oh! Dios mío, lo que tengo que pasar! Cuando terminó se aproximó a su escritorio, escribió algo en la computadora y me preguntó si tenía seguro médico. Al contestarle que no, me devolvió otra pregunta: ¿De dónde es usted?... Soy mexicano, le contesté, a lo cual añadió que sería más barato atenderme allá en México, ya que la proximidad de la tumoracion en el borde del párpado requería de un especialista, cirujano plástico, y él no podía realizarla. Puedo remitirlo con otro doctor en South Bend pero le aseguro que la intervención será muy costosa, concluyó.

Salí de allí destrozado. Me sentía frustrado al encontrarme en un país extranjero, con alta tecnología, con especialistas eminentes y todo eso, pero donde no me ofrecían ninguna solución a mi problema. Sin dinero, sin seguro médico y sin respuestas acerca de mi tumoración, pues los mismos médicos no podían determinar si se trataba de un caso

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terminal.

Fue entonces cuando me di cuenta que lo que escuchamos no siempre es verdad...

Esa misma noche me puse a investigar por medio del internet sobre especialistas en México. Me sentía desesperado, el estrés me estaba acabando. Momentos después encuentro una página en el internet, de un hospital en Guadalajara, Jalisco y comencé a ver una luz de esperanza...

Le pedí a mi hijo que me tomara unas fotos de rostro bien cerca de mi ojo y otras de mi párpado inferior. Minutos después las descargó en la computadora y las enviamos al hospital de Guadalajara, con mis datos personales y una breve explicación de la situación por la que estaba pasando y por supuesto, una solicitud urgente de ayuda. Al día siguiente por la mañana, enciendo mi computadora, abro mi correo electrónico y !oh sorpresa! Tenía la contestación del hospital, de parte de una doctora de nombre Patricia Bove, que decía: “Hola señor Martín. Hemos recibido su correo y las fotografias que nos envió, y le quiero comentar que sí podemos ayudarlo con su problema. Al parecer si se trata de un caso de cáncer de piel pero nos gustaría saber si cuenta con un análisis de biopsia. Por otro lado, le comento que contamos con un equipo de logística, el cual se encargará de hacer lo nesesario para arreglar sus boletos de avión, hospedaje, transporte y todo lo que requiera durante su permanencia, a un bajo costo. Nos gustaría saber si tiene dos semanas disponibles para poder monitorar su evolución y cuándo estaría dispuesto a viajar”

En esos momentos yo sentí que se había abierto una puerta de esperanza y me sentí agradecido con Dios! Les contesté inmediatamente que yo me encargaría de los boletos de avión y del hospedaje, ya que tengo un hermano que radica en Zapopan, Jalisco y que estaría listo para que me atendieran el lunes, a primera hora. Y así fue.

En Guadalajara recibí una atencion excelente! El hospital contaba con el equipo nesesario, instalaciones de primera, tecnología y médicos capacitados. Durante la intervencion quirúrgica se solicitó la presencia de un histopatólogo para la remosión de tejido enfermo. También retiraron lunares y manchas de mi rostro, dejándolo impresionantemente como nuevo. En un momento llegué a pensar que iba a quedar con el rostro deformado, pero no fue así. ¡La operación fue todo un éxito!

Es increíble que en mi propio país haya encontrado una mejor atención, más rápida, y eficaz que en los Estados Unidos, y a bajo costo, pues el monto total fue de $4000 dólares, incluido el viaje en avión de mi esposa y yo.

No cabe duda que los latinos tienen el ingenio, el servicio y la atención que no en cualquier lado encuentras. Gracias a todos aquellos que se preocuparon por mí en estos tiempos tan dificiles que tuve que pasar.

Mis más sinceros agradecimientos a las doctoras que me atendieron, Patricia Bove y María Elena Reyes; al Hospital Puerta de Hierro en Guadalajara, Jalisco, a Stephanie Yeager y al Dr. Guillermo Galvez y su hijo willy, de Surgery Host healthcare Agency, y a todos aquellos que intervinieron para que esto fuera exitosamente posible. GRACIAS!!!

MARTIN LATISNERE PACHECO

 


 

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