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  • Edición impresa de Diciembre 6, 2011

Peligro: ¡adolescente al volante!

En Estados Unidos mueren once adolescentes por día en accidentes de tránsito, que es, por lo demás, la primera causa de muerte entre adolescentes en el país. Sin embargo, hablar por teléfono, enviar mensajes de texto y maquillarse, entre otras distracciones, siguen siendo hábitos comunes entre muchos jóvenes al volante.

Las cifras, publicadas por la Administración Nacional de Seguridad en las Carreteras (NHTSA, por sus siglas en inglés), deben ser, más que un llamado de atención, una alerta ineludible para los padres, que tarde o temprano tendrán que ceder la llave, prestar el auto o decidir qué carro y bajo qué condiciones pondrán a disposición de su hijo adolescente.

Como padre, usted debe saber que la gran causa de accidentes entre adolescentes es su inexperiencia como conductores. Eso los incluye a todos, aun cuando sean excelentes estudiantes e hijos y tengan estándares de comportamiento intachables. Su inexperiencia los hace conductores vulnerables. Por eso, antes de ceder la llave, usted y su hijo deben trabajar en equipo para disminuir los riesgos.

De acuerdo con los Centros de Control de Enfermedades (CDC), es importante que acompañe a su hijo muchas veces mientras él se familiariza con el vehículo y con el hábito de conducir. Tenga en cuenta que cuanta más experiencia adquiera menos riesgos correrá, y es primordial que al inicio del proceso (y durante el tiempo que sea necesario) usted lo acompañe.

El riesgo de accidentes protagonizados por adolescentes aumenta dramáticamente durante la noche y cuando están acompañados. Recuerde que para los jóvenes no es muy complicado armar una fiesta en un coche. Cuantos más pasajeros, más oportunidades de distracción para el conductor novato. Establezca reglas y horarios: no ceda las llaves de noche y limite la cifra de adolescentes que su hijo puede llevar en el auto por al menos los primeros seis meses.

No olvide los cinturones de seguridad: su uso puede reducir a la mitad el riesgo de que su hijo adolescente muera o sufra una grave lesión en un accidente automovilístico. Recuerde que la mejor forma de enseñar es el ejemplo.

No espere a que su hijo sea adolescente para convertirse en un conductor ejemplar. Si usted habla por teléfono, lee y envía textos o se maquilla mientras conduce, su hijo hará lo mismo. El radio, la música a todo volumen y las conversaciones muy agitadas pueden dejar de ser simples y divertidas en milésimas de segundo y convertirse en distracciones mortales.

No sobra recordar que el licor es el peor enemigo de los conductores. De acuerdo con los CDC, una sola bebida alcohólica tiene la capacidad de deteriorar dramáticamente la capacidad de conducir de un adolescente.

A los dieciséis años la vida no debe ser más que un montón de experiencias maravillosas, que incluyen los principios de la madurez y el descubrimiento de la libertad. Ayude a sus hijos a recorrer el camino con seguridad. Un buen ejemplo, una buena comunicación y el establecimiento claro de reglas pueden hacer la gran diferencia. Ceda el volante, ¡pero mantenga el control!

 


 

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