Inicio

elpuentenewspaper

  • Edición impresa de Diciembre 3, 2013

Dos manos para Carlos

manoscarlos
“Mi vida en Honduras no era de lo mejor”. Así comenzó diciendo Carlos, quien nunca imaginó mientras vendía llaveros en el Mercado de su ciudad natal, que terminaría en Indiana, a la edad de 33 años, agobiado por la falta de sus pies y de sus manos pero acompañado de una paciencia tenaz y un deseo indeclinable por vivir.

“Pertenezco a una familia de escasos recursos, donde todos aprendimos a ganarnos la vida desde muy pequeños. Mi abuela vendía periódicos y observándola a ella, yo aprendí a vender sandías, llaveros y sandalias en el mercado. Cuando tenía 9 años murió mi mamá y a partir de ese día mis hermanos y yo comenzamos a pasar de un orfanato en otro”.

“Vine a los EU a probar suerte por primera vez en 1999, cuando tenía 19 años, después que el huracán Mitch dejara luto y miseria por todo el país y pocas oportunidades para ganarse la vida. Comencé a trabajar en el área de Elkhart. Mi sueño era y es todavía ser estilista, así es que en el 2004 ingresé a la escuela Vogue de South Bend pero no pude continuar. Después de haber salido y entrado a los Estados Unidos varias veces, por fin en el 2010 lo hice por última vez, luego de múltiples dificultades, en las que a cada momento parecía que fuera a perder la vida. Vi la violencia de Laredo, Tamaulipas y sé lo que es caminar por el desierto varios días y aguantar hambre y sed. Sin saber cómo, aquella vez terminé agazapado en un tren que me trajo hasta San Antonio, Texas.

“Tengo una hermana que ha sido clave en mi vida, pues en los momentos más difíciles siempre me ha apoyado”. Gracias a ella regresé a Elkhart desde San Antonio y al cabo de un año, trabajando duro había rentado un ‘estudio’ y comenzaba a hacer ahorros con la meta firme de llegar a ser estilista. Fue entonces cuando caí enfermo. La meningitis bacterial cambió el curso de mi vida por completo. Corría el año 2011”.

-Aquí detiene su relato y noto que su voz se corta y una lágrima se diluye en sus ojos-

“La enfermedad comenzó como una gripe; dolor de huesos, malestar, fiebre y pérdida del apetito. Una tarde llegué a sentirme tan enfermo que al fin accedí a que un amigo me llevara de emergencia al Hospital de Elkhart, cosa que había evitado varias veces por falta de seguro médico. Tenía las manos inflamadas y moradas y al verme, el doctor dio la orden de internarme inmediatamente. Por más que trataron no pudieron detener la enfermedad. La bacteria avanzaba tan rápido que los médicos entraron de prisa al cuarto donde estaba tendido y me dijeron que debía tomar la decisión sobre la amputación, de lo contrario la enfermedad avanzaría hasta destruirme los miembros completamente. Sumido en el dolor y mareado por el efecto de los calmantes, recuerdo que les dije: “Hagan lo que puedan, salven lo que puedan”.

Fue así como perdí mis manos, mis pies y mi naríz. Estuve un mes en el hospital y de allí me transfirieron a Indianapolis, donde finalmente pudieron parar la enfermedad y me hicieron la cirugía de la naríz, reconstruyendo así mi rostro. De allí me condujeron a un centro de rehabilitación por una semana. Era el año 2012.

Regresé a Elkhart decidido a conseguir unos pies para poder volver a caminar. Con la ayuda de mi hermana y otras personas nos dimos a la tarea de colocar unas cajitas plásticas en las tiendas hispanas para pedir ayuda a la gente de buen corazón. Al cabo de algunos meses pude reunir lo necesario para pagar las últimas prótesis de pies, con las cuales hoy puedo caminar.

“Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a través de este medio a tanta gente buena, pues con su ayuda y la de los médicos hoy cuento con un par de prótesis para caminar”.

A este punto de nuestra conversación le pregunto: ¿Por qué crees que te ha sucedido todo esto? Después de un largo silencio, me dice: “En más de una ocasión le he preguntado a Dios por qué. Mientras, he aprendido a sobrevivir con esto. Ha sido un largo y doloroso aprendizaje”.

En su peregrinaje por el dolor, Carlos jamás ha dejado de conocer gente dispuesta a ayudarle. Una mañana conoció a David Gingerich, un miembro de la Iglesia Waterford Mennonite, de Goshen, Indiana, quien le ofreció amistad y desde entonces, lo ha ido relacionando poco a poco con dicha congregación. Gracias a las gestiones de David, hoy en día Carlos trabaja algunas horas a la semana en The Depot, de Goshen, donde es tratado con dignidad y respeto.

Para completar su recuperación, Carlos necesita urgentemente la prótesis de sus manos para reunir las herramientas con las que tendrá que enfrentarse a vivir su nueva vida. Con el apoyo de toda la comunidad Latina del área, Carlos podrá pagar por un par de manos con las que pueda desempeñarse por si solo. Las cajitas se encuentran a la entrada de todos los negocios latinos para recordarle a todo el que goza del don de tener dos manos para trabajar, que Carlos necesita un par de ellas para continuar viviendo dignamente.

Donaciones con cheque pueden hacerse a: “Samaritan Trust.”  Las donaciones no están exentas de impuesto y pueden ser enviadas por correo a: Samaritan Trust, I/C Waterford Mennonite Church 65975 State Road 15 Goshen IN  46526

Comentarios Escriba a prietojim@webelpuente.com

 


 

I Inicio I Locales I Internacionales I Nacionales I Columnas I Entretenimiento I Deportes I Clasificados I Publicidad I Escríbanos I Conózcanos I English Section I Advertise I Contact us I Archivo I Enlaces I

 

El Puente, LLC. ©

Locales
Internacionales
Nacionales
Columnas
Entretenimiento
Deportes
Clasificados
Conózcanos
Escríbanos
Publicidad
English Section
Advertise
Contact us
Archivo
Enlaces
Inicio Locales Internacionales Nacionales Columnas Entretenimiento Deportes Clasificados Conózcanos Escríbanos Publicidad English Section Advertise Contact us Archivo Enlaces