El sembrador sembró la aurora; su brazo abarcaba el mar. En su mirada las montañas podían entrar.
La tierra pautada de surcos oía los granos caer. De aquel ritmo sencillo y profundo melódicamente los árboles pusieron su danza a mecer.
Sembrador silencioso: el sol ha crecido por tus mágicas manos. El campo ha escogido otro tono y el cielo ha volado más alto.
Sembraba la tierra. Su paso era bello: ni corto ni largo. En sus ojos cabían los montes y todo el paisaje en sus brazos.
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