La inmigración venezolana impacta en América Latina Todos los días, miles de personas cruzan las fronteras de Venezuela para escapar del grave deterioro económico y social que ha afectado al país. Cada vez más parecido a una crisis humanitaria, este éxodo masivo ha provocado que más de 3 millones de personas abandonen tierras venezolanas para instalarse en otros países de la región. Colombia es el principal receptor con aproximadamente 1,2 millones de migrantes, seguido por Perú con alrededor de 700,000 y Ecuador con 230,000. Este fenómeno no tiene precedentes en la historia reciente de América Latina y plantea grandes desafíos humanitarios y de desarrollo, pero también oportunidades, tanto para las comunidades migrantes como para los países que las albergan. Quienes se embarcan en estas travesías dejan sus hogares debido a la falta de oportunidades, la violencia o incluso la escasez de alimentos. La migración desde Venezuela constituye uno de los flujos más grandes y rápidos de personas vulnerables en el mundo. Según la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR), 3.4 millones de personas habían abandonado el país en febrero de 2019 debido a la crisis económica y social que lo afecta. La mayoría de ellas lo hicieron en los últimos 12 meses y se dirigieron a Colombia, Perú, Ecuador y Chile, los principales países receptores. La dimensión de esta crisis la coloca como la segunda mayor a nivel mundial, después de la de Siria. Según un informe publicado por el Banco Mundial en noviembre del año pasado, el impacto de la prestación adicional de los servicios de educación, salud, agua, primera infancia, atención humanitaria, servicios de empleo y fortalecimiento institucional derivado de la migración desde Venezuela sería de entre 0,2% y 0,4% del PIB de Colombia. A pesar de ese impacto, los países de América Latina y el Caribe han abierto sus puertas a los migrantes en un gesto de solidaridad alineado con la dimensión de la crisis. Por el lado de las oportunidades, cuando está bien gestionada, la migración puede crear gran crecimiento económico. En el Triángulo Norte, como sucede en otras regiones, la inmigración rompe los lazos familiares y comunitarios, así como las redes de apoyo en los países de origen. Pero también puede contribuir a la reducción de la pobreza, la mejora del capital humano y el aumento de las inversiones, como consecuencia del envío de remesas. En el Banco Mundial estamos apoyando a la región a través de la experiencia adquirida en otras zonas del mundo, como el Cuerno de África o el Medio Oriente. En Colombia lo hacemos a través de un análisis sobre las consecuencias de la migración y las estrategias de respuesta en el corto y mediano plazo. Estudios similares se están preparando también para Perú y Ecuador. Asimismo, anunciamos recientemente que Colombia es elegible para obtener recursos del Mecanismo Global de Financiamiento Concesional, plataforma que apoya a los países que albergan un gran número de refugiados.. Nuestro trabajo complementa el que realizan otras organizaciones de desarrollo, los gobiernos y la sociedad civil. Un esfuerzo que, sin embargo, deberá multiplicarse ante la previsión de continuidad de estos flujos migratorios. Solo así, con un compromiso y solidaridad real con quienes enfrentan la doble vulnerabilidad de la pobreza y la migración, podremos atender el que probablemente constituye el mayor reto humanitario para América Latina y el Caribe de nuestros días. *Axel van Trotsenburg es vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe
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