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Colombia: Premio Nóbel de Paz al Festival Internacional de Poesía de Medellín Por: Jimmer Prieto
El jurado ha sustentado su determinación de conceder este año el premio mundial de la paz al Festival Internacional de Poesía por ser un evento que ha probado que la creatividad, la belleza, la libre expresión y la comunidad pueden florecer y superar incluso los temores más profundamente afianzados, así como la violencia.
Aquel primer año, el 28 de abril, en medio de un clima de violencia que abrumaba el corazón de los colombianos, la ciudad de Medellín convocó Un Día con la Poesía. Trece poetas de Latinoamérica se hicieron presentes en un recital en el Cerro Nutibara, al que asistieron 800 personas.
Entre el 24 de junio y el 2 de julio de 2006, el recital convocó a 75 poetas representando 40 naciones de los cinco continentes, y una multitud de 150.000 personas dispuestas a escucharlos. El Premio Nóbel Alternativo será entregado al director y a representantes del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el 8 de diciembre próximo en ceremonia que se celebrará en el Parlamento de Suecia.
Diferentes periódicos de latinoamérica y Europa desplegaron inmediatamente la noticia, con lo cual se ha creado un escenario de conciencia sobre el genocidio de Colombia y un clima de simpatía hacia los poetas del mundo, que en versos han vencido el temor y rechazado la violencia. La voz denunciante de poetas de todas las edades pintó con brochazos indelebles el dolor del mundo moderno:
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Toyin Adewale Gabriel, de Nigeria, nacida en 1969, dice en uno de sus versos: Conozco la bilis verde del hambriento. Conozco el triunfo del polvo, la despreciativa arrogancia del sol, sobre los restos de empapadas ratas. He cenado sobre perros raquíticos, con sabor a orina acre.
Viviana Restrepo, de Colombia, de solo 21 años declara: Conozco el hambre desde antes de nacer. Ella, la que fue y será desde el vientre hasta la tumba navega en mi sangre y en mi sed. El temor a llenarme punza como aguja. Amo el vacío y el desierto para huir
Mohammed Al-Nabhan, de Kuwait, nacido en 1971, pregunta: Mi PatriaÉ ¿Puede una patria abolir el nombre de un ser amado? Traspapelar sus documentos O tachar con tinta roja los nombres de su gente? Estoy ávido de la patria que me exiló De rogar por una tierra Un nombre Un rostro que no tiene semejanza con las raíces que nos crearon
Antonio Porpetta, poeta de España, a los 70 años, denuncia: Hay un niño que llega cada día ofreciendo su mínima intemperie sobre el claro mantel del desayuno. .... Tal vez trae en sus manos algún pobre juguete: el fusil que encontró en aquella zanja junto a un hombre dormido, las inútiles botas de su padre, el arrugado casco de aluminio del hermano más alto y más valiente, el trozo de metralla que derrumbó su infancia en un instante. Sin saber que en sus ojos lleva la herida grande de todo el universo. Pero el festival no solo exhibió la arista más dolorosa de la humanidad; también se transformó en un manifiesto en contra de la muerte y en una bienvenida al hombre entero, con pleno derecho al amor y la ternura. Esto lo demuestran las palabras con que el Comité de Dirección del Festival hizo un llamamiento a los jóvenes poetas de la tierra: Los llamamos a poetizar los espacios públicos de las grandes y pequeñas ciudades del mundo. Será nuestro masivo y amoroso medio de comunicación con los otros, que somos también nosotros. Es preciso que desarrollemos un gran movimiento por la globalización de la libertad de pensamiento y de la libertad de expresión, a través del lenguaje sereno, claro y revolucionario de la poesía. La juventud no se hizo esperar ante el llamado y por una semana cientos de árboles se vieron literalmente vestidos de poesía. Después de esa intensa jornada de la palabra, que duró como siglos, todos regresaron a su cotidianidad henchidos de una robusta sensación de vida nueva. Es lo que ocurrió a la poetisa Rosa Chávez, de Guatemala, quien escribió al volver a su país, después de participar en el festival: regresé ya con mucha esperanza, fuerza y la palabra más combativa que nunca, reitero mi agradecimiento por esta invitación y esta experiencia que marca de manera profunda mi vida y mi quehacer poético, no pude despedirme personalmente.... Felicitaciones, Colombia, por este golpe certero que le han dado una vez más a la muerte y al miedo. Desde mi condición de inmigrante, alzo la copa de la vida y brindo con todos los inmigrantes de la tierra (e invito a los niños) por la posesión de un mundo sin fronteras donde la palabra se convierta en Verbo y se transforme en alas para remontarse por encima de la mediocridad y del odio. Solo entonces habrá poesía por doquier. Para comentarios escriba a prietojim@webelpuente.com | |||