México del Norte • Una “lanota” por aquí…
La novedad estos días fue que la industria de la comida rápida no solamente nos llena el estómago de porquerías, sino que además está subsidiada por todos nosotros, comamos o no sus productos. Según un estudio publicado hace semanas por economistas de la Universidad de Illinois y el Centro de Estudios Laborales de la Universidad de California en Berkeley, Califas, nuestros impuestos le ayudan a este sector de la industria restaurantera a mantener vivos a sus trabajadores. Cada año, aproximadamente 7 mil millones de dólares de impuestos se gastan en ayudar a sobrevivir a un poco menos de dos millones de trabajadores a los que no les alcanza el salario. En general, los empleados de restaurantes de comida chatarra tienen el doble de chances de terminar pidiendo ayuda pública que los trabajadores de otras industrias. No es de extrañarse, ya que 3 de cada 4 asalariados no trabajan a tiempo completo. Las compañías los contratan por 25 o 30 horas semanales, y eso no alcanza para vivir. Y es curioso porque el año pasado entre las siete mayores compañías de comida rápida ganaron un total de 7,400 millones de dólares y, de pilón, le pagaron 53 millones a sus presidentes. Y una “lanita” por allá Una de las peorcitas compañías es McDonald’s, que incluso tiene una “línea de ayuda” para decirle a sus trabajadores a dónde pueden solicitar ayuda pública y los ayuda a solicitarla Hay que aclarar que si McDonald’s fuera un país sería la economía número 90 del mundo. Y aunque parezca poquito, McDonald’s le soltó casi medio millón de dólares a una bola de políticos para sus campañas electorales el año pasado. Y será poquito pero “bien invertido” ya que le regaló miles de dólares a los senadores republicanos John Boozman, Richard Burr, Saxby Chambliss, Bob Corker, John Cornyn, Deb Fischer, Chuck Grassley, Mike Johanns, Mitch McConnell, Jerry Moran, Pat Roberts, John Thune y David Vitter, y todos ellos votaron en contra de la propuesta de “reforma migratoria”. No porque la consideraran, como nosotros, mala para los trabajadores, sino porque la querían más mala. Por eso, McDonald’s se ha ganado el apodo de McMigra. Ya hay una iniciativa de boicot nacional a McMigra, y yo la voy a seguir. Pedirles que dejen de vender comida chatarra sería demasiado, pero hay que exigir que dejen de darles donativos a los políticos anti-inmigrantes y que le devuelvan el trabajo a todos los despedidos. ¡No más dinero nuestro para McMigra!
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