en el árbol envidioso de la nube andariega: estoy sentada y muda al borde de la vida, mientras la senda sigue su marcha hacia el futuro. Pasan inquietos seres: caminantes, arrieros, parejas enlazadas y familias contentas: chiquillos juguetones hirvientes de energías; pasan ancianos, pasa la juventud; se van... ¡Pasan... pasan!... Yo siempre en mi lugar estoy; soy la piedra sentada un día y otro día; el árbol, engarzado en la misma actitud: árbol... persona... piedra... ¡Ya no sé lo que soy!...
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