“La psicología al alcance de todos”: Antonio Porcelli Piussi

El amor en tiempos de Tinder

Por Antonio Porcelli Piussi

¿A quién le funciona lo que está pasando en el amor? A las mujeres seguramente no. En la consulta, me encuentro con infinidad de mujeres desesperanzadas con respecto al amor, mujeres que empiezan a amigarse con la idea de aprender a disfrutar la vida solas, porque no queda otra.

Entonces pensaríamos que a los hombres sí les funciona… Pero hablo con mis pacientes y escucho que, en un principio, ir de cama en cama los motivaba, despertaba en ellos adrenalina por el desafío primitivo quizá de ir cazando presas. Pero al cabo de un tiempo de incontables “matches” en la aplicación de turno, sienten vacío y vuelve a resonar en ellos la idea de buscar una mujer especial con quien compartir y estar tranquilos.

La pregunta es: si esta forma de relacionarse amorosamente no le está funcionando a nadie, ¿porque sigue en pie? ¿Qué la sostiene? Y ¿qué va a pasar si seguimos así?

Sepan perdonar mi pesimismo, pero veo un pronóstico oscuro. Imagino que las relaciones serán cada día más superfluas y banales, el desamor irá ganando terreno y, consecuentemente, las expectativas amorosas serán cada vez más mediocres hasta que el amor compartido en pareja finalmente sea un fenómeno escaso, quizás una quimera.

Creo que es tiempo de reflexionar sobre lo que pasa en las relaciones porque todo esto nos agarró desprevenidos. Un día le escribíamos cartas a quien queríamos a nuestro lado y, al día siguiente, nos encontramos con que la conquista se inicia respondiendo con fueguitos a una historia de Instagram.

Fue ayer que nos poníamos de novios mientras nos estábamos conociendo. No era un problema nombrar a los vínculos amorosos sino que el problema era no decir “qué somos”. Por el contrario, ahora cuando dos personas se conocen y una de ellas le pregunta a la otra ese “¿qué somos?” de alguna manera, inmediatamente una fuerza sobrehumana deja a quien preguntó semejante barbaridad ubicada en la vergonzosa categoría de las y los intensos, ansiosos, demandantes o tóxicos.

Actualmente, parece que si hace un tiempo estás conociendo a alguien y pretendes saber hacia dónde está yendo ese vínculo o te interesa acordar con el otro hacía donde se quisiera ir, estás arruinándolo todo. “Dejemos que fluya”, “vamos viendo, “traaaanqui”, “¿para que sirve ponernos rótulo?”…  Son algunas de las frases que podrías recibir como respuesta.

Hace relativamente poco, si un hombre quería conquistar a una mujer y no quería nada serio, estaba en un problema: sus chances de lograr esa conquista se volvían muchísimo más escasas, haciéndola hasta inviable. Poco tiempo después, ese mismo hombre está en su proceso de conquista de una mujer, con quien se encuentran, tienen sexo en varias oportunidades y cuando evidencia que ella espera cierto compromiso en el vínculo, la mira sorprendido: ¡no sabía que querías algo serio! Aparentemente, llegamos a un momento en que, quien quiera algo serio tiene que levantar la mano y avisar porque si no, se sobre entiende que solo estamos “fluyendo”, pasando un buen rato, divirtiéndonos.

En síntesis, podemos decir que el amor se enfermó de narcisismo, de impaciencia, de falta de compromiso y falta de romanticismo. Y así anda el amor, muy desmejorado, permitiéndonos sacar de él solo relaciones pasajeras y superficiales.

Frente al panorama que describo, hay quienes entienden que esto es “lo que hay” y llegó para quedarse. Hacen grandes esfuerzos entonces por adaptarse y “actualizar el software”, a costa de bajar sus expectativas para al menos jugar el juego del amor descartable.

Frente al mismo panorama, hay otras personas que caen en una profunda desesperanza y directamente abandonan el juego. Entienden que jugar así no es para ellos y, cansados de ilusionarse y desilusionarse, de exponerse y romperse, deciden dar un paso al costado. 

Pero amar y ser amados románticamente es una necesidad tan natural que nadie debería bajar los brazos ante la dificultad de satisfacerla. Por eso llamo a reflexionar sobre este asunto y a que colectivamente podamos encontrar una solución. Quizá tengamos que reflotar ciertos valores del amor que hoy se han perdido: el compromiso para con la relación de pareja, la paciencia para conocernos, la dedicación hacia el otro y la tolerancia para no salir corriendo a la primera cosa que no nos gusta tanto.

Los tiempos cambiaron, los seres humanos cambiaron, pero hay algo que permanece imperturbable: todos seguimos necesitando amar y ser amados. Por eso asumamos el compromiso de encontrarle la vuelta a esto que hoy resulta tan desolador. Alguna solución tenemos que encontrarle y, pocas misiones valen tanto la pena como hacer algo para que cada día haya más personas que disfruten del amor en pareja.

Noticia Notistarz / Deal Magazine USA
Foto cortesiá de Prensa Notistarz