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  • Edición impresa de Enero 22, 2019.

LOS ESTADOS UNIDOS DE LA CODICIA Y EL ABUSO

Una nación construida en base a la codicia no es una nación, es solo un marco legal para la violación y el pillaje, la esclavitud y explotación, asesinatos, robos y genocidio. Una nación cuya función primordial es proteger los derechos exclusivos de los ricos de embarcarse en esos comportamientos bajo otros nombres, no tiene más legitimidad moral que el estado sin ley que permite a criminales comunes correr libres. La codicia disfrazada bajo el término de “seguridad nacional” o “por el bien de la economía” es tan detestable como la del que roba juguetes a los niños y bolsos de ancianas.

La codicia no es un principio sólido de una sociedad duradera sino la marca de los tiranos que anuncia el lapso final de los imperios. Es la falla de carácter de los villanos y el síntoma de los sociópatas. La codicia del rico y poderoso, en particular de las élites corporativas ha llegado a tal magnitud que sobrepasa nuestra habilidad de describirla. No tenemos una palabra para el robo masivo que acapara los ahorros ecológicos de eones, esclaviza siete billones de personas a la maquinaria de la producción lucrativa y roba la existencia futura de millones de especies, incluyendo la nuestra. Es genocidio, ecocidio, y esclavitud en uno y roba no solo los recursos y las vidas sino también los pensamientos, sueños, esperanzas, felicidad, libertad y posibilidades. Todo esto está encadenado a la producción por lucro de una pequeña élite.

Todos los aspectos de nuestra existencia humana están minados por el lucro. Nuestros pensamientos, inseguridades, anhelos, deseos, sensualidad y sexualidad. Nuestra salud, enfermedad, temor, comunicaciones, visiones, caridad y toda otra cualidad. Minan nuestras historias personales, nuestros datos actuales y minan nuestro futuro a través de la deuda.

Esta codicia no tiene nombre, ni límites a su patología. El sistema económico está construido para una codicia sin freno de las élites que nos entrenan para replicar sus valores. Es como mantenernos bajo el agua hasta que aprendemos a luchar por una bocanada de aire. La codicia no es algo “normal” para la humanidad, no es tampoco un principio evolucionario; por el contrario, cuando los bebés se sacian, paran y eso los hace humanos. La codicia de la civilización contemporánea es inhumana y nos convierte en monstruos.

Tenemos un nombre para los niños que se comportan así: Abusadores. Un abusador invade el espacio de otros niños y toma sus juguetes. Un abusador usa la violencia para obtener lo que quiere. Aterroriza e intimida para mantener su poder y posición.

Cuando los abusadores son elogiados como grandes líderes de una nación, la nación pierde todo su valor. Cuando los abusadores son celebrados como íconos, la cultura de la nación ha perdido su alma. Cuando los abusadores son empoderados en lugar de ser restringidos por la ley, el sistema legal de la nación se ha convertido en instrumento de tiranía.

Nuestra nación es una tierra de codicia psicótica y abusadora. Tenemos que cambiar esto. Debemos echar atrás estas conductas de la cultura de codicia y el abuso, que nos ha golpeado violentamente. Debemos liberarnos de estas cadenas mentales, reconociéndolas como lo esclavizantes que son. Debemos llamar por su nombre al abusador y rechazar la cultura de adoración de los héroes de los ricos y poderosos, y en su lugar debemos ver estas personas como los criminales depravados que son.

Cada fortuna significa millones de niños hambrientos. Cada mansión miles sin techo durmiendo en la calle. Hasta que no veamos la riqueza excesiva como crueldad aplicada a otros, donde otros no pueden ni sobrevivir, seremos una nación hueca, vacía de cualquier significado o valor.

Hasta que amemos nuestro país lo suficiente para cuidar de él, y cada uno de sus ciudadanos, sus árboles, ríos, animales y plantas; su pasado, presente y futuro, su corazón, su espíritu y su alma. Hasta que amemos nuestro país lo suficiente como para derrumbar la codicia de su consagración en las políticas y prácticas de nuestra nación, nunca podremos levantar nuestras cabezas con verdadero orgullo. Hasta que detengamos a nuestros líderes en su trato abusivo y no dejemos que los abusadores se hagan líderes, nunca podremos ser la nación que deberíamos ser.

Nunca seremos grandes, ni fuertes, ni siquiera humanos hasta que no dejemos atrás los caminos de la codicia y el abuso.

 

Editorial en Ingles

 


 

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